Miguel Polanía: el pintor, el poeta y el ciudadano

Miguel Darío Polanía Rodríguez, escritor y pintor huilense, habla sobre su vida y su oficio creativo en una tarde calurosa y nublada de la ciudad de Neiva, desde  un lugar de  la Biblioteca Departamental Olegario Rivera que dirige hace varios años.

Por: Luis Carlos Prohaños, periodista Suregión

Lo primero que se evidencia es la fuerza con la que pronuncia cada una de las palabras que dice: una de las consecuencias de su sordera progresiva. Lo segundo es la fluidez con la que se expresa y la facilidad de entendimiento de quien lo escucha.

Miguel Darío Polanía es natural de Pitalito, donde nació en 1961, pero ha vivido por fuera de su ciudad natal más de la mitad de su vida. Después de graduarse del colegio Claretiano, se fue a a Bogotá a estudiar Periodismo, pero en la efervescencia de sus pasiones terminó estudiando Artes en la Universidad Distrital. En los años ochenta del siglo anterior hizo parte del movimiento estudiantil universitario y militó en las filas de las juventudes comunistas. Vivió la agitación social que suscitó una época de muchas trasformaciones sociales y políticas: el primer diálogo de paz del gobierno con las FARC, el acuerdo de paz y la desmovilización del M-19 y la creación de una Asamblea Constituyente que reformó la carta política del país.

Polanía no fue ajeno a su realidad. Se tomó muy en serio el asunto de la ciudadanía política hasta el extremo de sufrir sanciones policiales. No se detuvo, y eso le costó una salida del país impensada e imprevista. Se fue a Moscú seis meses con la excusa de tomar un taller de pintura, con el fin de resguardarse pues estaba seguro de que si se quedaba en el país, tarde o temprano algo le iba a pasar por sus convicciones políticas. Quince días después de su partida a territorio ruso, Tarsicio Medina, un líder estudiantil y militante político, y buen amigo suyo, fue desaparecido.

Es Miguel Darío Polanía Rodríguez. Es decir: el actual Director  de la Biblioteca Departamental Olegario Rivera, en la capital huilense. O más bien, el poeta que le escribe a la ciudad o el pintor que representa las luchas sociales. El hombre encargado de uno de las instituciones culturales más antiguas del Departamento, y que a su vez, tiene una historia personal  que a primera vista parece irreal, pero no lo es. Polanía ha vivido tanto como le ha sido posible a sus inclinaciones y gustos personales. “Esa es la vida que yo escogí y estoy satisfecho”, afirma y después  ríe.

A pesar de las adversidades de su juventud insumisa, Polanía sigue creyendo en la justicia y en la lucha social. Ahora lo hace desde la cultura, impulsado por un torrente de libros y un sinnúmero de escaparates que sostienen una intención: la de hacer, a pasos de gigante que parecen de tortuga, una mejor sociedad. Hace más de 20 años es funcionario de la Biblioteca Departamental, que actualmente dirige.

Gerardo Aldana, escritor, analiza la obra de Polanía y describe las las motivacions y las sombras que rondan al artista huilense:

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El tiempo le ha teñido el pelo de abundantes canas,  pero su pensamiento continúa siendo inquieto y crítico del entorno social que lo rodea. Hoy Polanía, el pintor, el poeta y el ciudadano, sigue sintiendo el mismo fervor cuando habla, tanto que termina en la exaltación de sus maneras. El se inquieta al pensar en la realidad social del país, pues siente, que tras años y años, pocas cosas han cambiado: una nación que se repite en injusticias y absurdos, una sociedad sin principios ni conciencia y la misma clase política manejando los rumbos del país.

Es pintor, formado académicamente en la Escuela de Artes de Bogotá. Aunque dice que su formación es más empírica y más emocional que racional. Dice con ironía que es un graduado de la Biblioteca Luis Ángel Arango, el lugar que lo acogió en las tardes heladas de llovizna eterna de Bogotá. Considera que es imposible despegarse del sentir social, y eso se evidencia en sus obras, que se caracterizan por un sentido que representa las luchas sociales de los pueblos. Polanía es hijo de una época de reivindicación social que lleva grabada a fuego en su memoria y de la que, parece, no se va a desprender nunca. Sus principales influencias han sido artistas que han transitado también esa ruta, como  Oswaldo Guayasamín, al que nombra con frecuencia, y con quien lo relacionan por el componente social de sus pinturas. Se asemejan en la singular sensibilidad para percibir los sufrimientos de los oprimidos, la tristeza solitaria de lo urbano y en su interior las obras reflejan las raíces del pueblo latinoamericano. “Bolívar tenía razón, América es nuestra gran patria”, comenta Polanía.

También es escritor, en 2011 ganó el Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía con su  su libro Calles hemos visto, nunca la ciudad. Firma sus obras con el seudónimo Miguel de León, nombre que también tiene significado social. Sus letras merodean un camino entre la narración crítica de la ciudad y la expresión personal que le ha implicado el cambio constante de culturas. “En un momento de mi vida me di cuenta que yo no era más que un provinciano en la ciudad”, dice.

En más de dos décadas con la poesía, ´Miguel de León´ es autor de: Cinco Meses, Poemas en Reposo (Moscú, 1988), Gota de Rocío (Neiva, 1994), Expresiones Visuales del Huila (Neiva, 1996), Buscar Río Arriba, Identidad en las artes visuales huilenses (Neiva, 2000), Pintar la Tierra de Promisión (Neiva, 2005), En el Sótano del Cielo (Neiva, 2003), A Palabras necias, Oídos sordos! (Neiva, 2009). Además de coautor de la Historia General del Huila, Memoria Secreta de la Infancia (2004), Antología literaria Matamundo (2005). La Tarde esta como para contar Cuentos (2007) y Los Nombres del Viento, Muestra contemporánea de poesía huilense (2011).

 

Nevia Novia, de Miguel Darío Polanía de Periodico Suregion

Cuando habla, Polanía da la impresión de que él podría ser un personaje de su propia obra. Un protagonista intrépido, escondido en una ciudad soporífera bajo la protección de una vitrina lleno de libros, un personaje desconocido que la sociedad no se ha animado a comprender ni a visitar.

La discapacidad auditiva que lo ha aquejado, hoy le ha aguzado los sentidos en un esfuerzo necesario para poder percibir mejor la realidad. Polanía se esfuerza en sentir y sus obras gritan a viva voz, como la evidencia de sus arrestos.

 

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