Medellín, violencia y esperanza

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Por: Yessica Ferreira,  Paula González

Medellín, ‘la ciudad de la eterna primavera’, el lugar de casas sobre las montañas, de avenidas gigantes y de pujanza; de allí partimos, la pujanza del paisa es la que inspira, la que la hace grande, hermosa, digna de ser capital del trabajador, del empeño y de la gente amable.

Como no todo es color de rosa, tenemos que empezar hablando de su historia, una historia de tristeza, violencia y sufrimiento, tal vez las características que han hecho que su gente no descanse un segundo en su afán de salir adelante y de servir a los demás.

La capital de Antioquia en los años 80, era considerada una de las ciudades con el índice de violencia más alto en el mundo, esto en un gran porcentaje debido a Pablo Escobar y el cártel de Medellín, que generaron un auge de jóvenes que asesinaban por dinero a quien se les pidiera, sólo necesitaban una moto, un revólver y una camándula de la virgen, símbolo de los sicarios de la época; lo anterior, sumado a la guerra frontal entre los diferentes cárteles, hizo que la región se volviera violenta e insegura. En ese tiempo, el narcotráfico se había convertido en el negocio más rentable, pero entrar en él y sostenerse era realmente un reto, pues se vivía la zozobra del enemigo y del propio amigo, que hacía lo imposible por apoderarse de las diferentes rutas para sacar la droga, por eso cada ‘capo’ organizaba un ejército personal a su disposición, quienes convirtieron las comunas en un campo de guerra.

El centro de la violencia

El emblemático hotel Nutibara, en pleno centro de la ciudad, desde su fundación en 1945, ha presenciado cada una de las historias de la Medellín de antaño y de hoy. Este edificio, ubicado en una de las calles más decadentes del sector, con venta y consumo permanente de estupefacientes, trabajadoras sexuales y personas en situación de calle que transitan por este lugar, lo que hace que caminar por sus andenes sea una travesía a la que pocos se enfrentan, perdiendo de a poco la mística de los años 40, cuando el renombrado hospedaje abría sus puertas por primera vez.

Un hotel de paso

“Padre nuestro que estás en los hoteles de paso, en las ojeras, en las sabanas y en los vasos”. Joaquín Sabina

En la calle 53, justo al respaldo del Nutibara, existe un pequeño hotel, discreto y acogedor con más de 27 años de antigüedad, sus paredes esconden todo tipo de historias; desde parejas infieles que ahí materializan su amor clandestino, hasta protegidos de la Fiscalía General de la Nación. Santelmo no cuenta con lujosas habitaciones, pero desde sus balcones a altas horas de la noche se puede ver una calle donde la tranquilidad no reina, sus habitantes están en constante movimiento, se siente el afán de supervivencia.

Detrás de un cristal se encuentra una mujer ‘paisa’, de buen carácter, amable y “pa’ las que sea”, como se describe ella misma, de 50 años de edad aproximadamente. Liliana atraviesa la ciudad para llegar todos los días a las seis de la mañana al hotel y empezar su jornada laboral, como lo viene haciendo desde hace 18 años. “Lo que ocurre en Medellín es “violencia común” donde caben, el engaño, la mentira, el robo, entre otros, lo cual se vive a diario en este sector”, manifiesta.

Lucia, administradora de Santelmo, quien trabaja allí desde su inauguración en los años 80s, ha tenido que vivir de primera mano la inseguridad y el miedo. “La presencia de la policía nacional en el centro escasea y somos nosotros mismos quienes velamos por nuestra seguridad”.

Ramón Pineda, profesor de la Universidad de Antioquia, dice que con la aparición de los cárteles de la droga ocurrió además el hecho coincidencial del deterioro de la zona centro de Medellín: el traslado de la Gobernación, la Alcaldía y todo el centro administrativo hacia La Alpujarra, la nueva llegada de los buses a la Terminal del Norte y la aparición de El Poblado con sus hoteles. Todo esto dejo el centro desprotegido porque la gente empezó a buscar otros lugares donde quedarse. Fuente: De la Urbe

Tal vez no haya en el centro un lugar en donde se puedan escuchar versos más tristes de una ciudad que intenta borrar de las mentes de sus habitantes un pasado de violencia, sangre y temor; y son precisamente estos recuerdos los que hacen que cada ciudadano esté codo a codo con una Medellín que  busca con mucho empeño construir un futuro en paz, para las futuras generaciones.

Sin embargo, Medellín tiene mil razones para ser visitada, es una  encantadora ciudad, de gente amable y  muchas sonrisas, de ‘paisas’ trabajadores y emprendedores, de cerveza Pilsen y la mejor bandeja paisa, esto hace de ella uno de los destinos turísticos más visitados del país. Una vez pises sus tierras, quedarás flechado y allí mismo, empezarás a planear tu segunda visita a la ciudad de la, ‘eterna primavera’.

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