La volea sostenida de la tenista huilense María Camila Torres

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María Camila Torres Murcia es de estatura baja pero de sueños que rozan la cúspide. “Mi mayor sueño es ser la primera colombiana en ganar un Grand Slam, y más adelante ser número uno del mundo”, dice. Siempre tiene la mirada puesta en el horizonte, allá mira y allá el futuro la espera, expectante. La seriedad es parte de su personalidad. Ella es de piel morena, curtida a base de salidas al sol, mide 1,58 centímetros, y generalmente usa el pelo suelto mientras juega, a pesar de las recomendaciones de su entrenador.

Esta tenista huilense, nacida en Neiva, entrena constantemente y a doble jornada en la Villa Olímpica de Neiva.

Su mejor golpe es la volea seca y certera, que ejecuta con su mano izquierda. Es una jugada que requiere mucha  precisión. María Camila Torres Murcia sabe, a sus 15 años, que si logra afinar ese pequeño pero indispensable detalle podrá conseguir las victorias que precisa para lograr su objetivo más cercano: estar entre las primeras 50 jugadoras del ranking ITF (Federación Internacional de Tenis- Categoría Junior), en el que actualmente se encuentra en la posición 546.

Ocupar esa posición no la inquieta. Ella, a pesar de su corta edad, tiene un rasgo de personalidad que la hace una competidora tenaz en su deporte:  la voluntad de no ceder en los momentos adversos, como esa vez en la que se encontraba 1-6, 0-5 abajo, y con fuerza de voluntad, terminó ganando 1-6, 7-5, 6-2.

Hace 8 años, jugando fútbol en un torneo vacacional, por decisiones ajenas a las suyas fue en búsqueda de otro deporte y encontró al tenis, como esperándola. Ha quedado firmemente ahí. Debutó a los 9 años en Ibagué -torneo nacional- con una victoria, el mejor inicio posible.

Su guía, paisa desde el acento hasta los ademanes, es Jorge Edwin García, profesional de la ITF, la dirigió hace dos años y este año la acompaña de nuevo. “”Camila es una jugadora competitivamente agresiva. Tiene una naturaleza de velocidad importante. Hay que saber manejar tenísticamente eso”, dice García, mientras la observa entrenar.
Habla también sobre el parecido entre Camila y Fabiola Zuluaga (extenista profesional) en sus inicios, a quien el tuvo la posibilidad de conocer en Bogotá,  en los años 80:

LA VALENTÍA ES LA BASE

El empeño en su sueño es muy grande, y ella, tan perseverante, está aferrada a él. Hace dos años, dejó de ir al colegio para tomar clases virtuales, por las exigencias de su preparación deportiva.  Aunque extraña las costumbres de los salones (el desorden, las amigas) está poniendo todo de su parte para tocar con sus manos ese anhelo. “Yo tengo un sueño y lo quiero cumplir sí o sí, entonces me toca hacer sacrificios”, dice mientras el sol de la tarde neivana se va apagando.

El sueño de María Camila Torres
En una ocasión, en el año 2015, pasó sus cumpleaños estando sola en un torneo en Perú, lejos del calor de sus padres  y de la calidez de sus amigas. “Fue raro, me sentía sola. Pero en el fondo, uno se va acostumbrando”, asegura María Camila.

Pero su abnegación no es reciente, ha sido una trinchera desde la cual le ha hecho frente a la adversidad. Desde donde se permite soñar tan grande, y el lugar en el que descansan sus esperanzas futuras. Además, es una cuestión que lleva en la mente desde tiempo atrás.

Una vez, en un arrebato de fuerza de voluntad, siguió jugando a pesar de una lesión abdominal. Después, con sensatez, bajo la anestesia de la derrota, su entrenador decidió que parara. Duró 3 semanas por fuera, se perdió el final del circuito Suramericano y vio cómo se le escapaba la posibilidad de clasificación a Europa.

El tenis, una escuela de vida

“El tenis significa casi todo en mi vida. Es lo que me ha enseñado a ser disciplinada, a vivir sola, a depender de mi misma, a muchas cosas que las niñas de mi edad no saben. Me ha desarrollado algo positivo”, dice María Camila, mientras el sol  resplandece en su  sonrisa.

“Soy consciente de que todavía me falta mucho. A veces uno piensa: ya sé todo del tenis, ya puedo ser profesional, pero no, todavía me faltan mucho caminos por recorrer y saber más”, sostiene,   combinando risas y miradas serias.

La volea seca es uno de los golpes eficaces de Rafael Nadal, el referente de Camila. Rafael es su espejo por la fortaleza física y mental que posee. De allí exprime, sobre todas las cosas, el estoicismo para afrontar los torneos y la vida. En el ámbito femenino, Serena Williams es su figura modélica: le ha enseñado que el infortunio es un obstáculo de menor importancia, y que de ninguna manera puede ser un freno.

“Camila es muy centrada, para la edad que tiene. Está muy enfocada en lo que ella quiere”, dice García, su entrenador, con convicción.

Es muy caro ser tenista

El caso de Camila es un ejemplo evidente de lo que significa querer ser deportista en Colombia, en el ámbito económico. Actualmente, cuenta con un apoyo mínimo, risible, por parte de las instituciones públicas encargadas del deporte en la región. El porcentaje más alto de los gastos los cubre su familia. Tampoco recibe apoyo nacional alguno, a pesar de que representa al país frecuentemente en el extranjero. Ni la Federación Colombiana de Tenis, ni Coldeportes. La historia, tan repetida, no sorprende.

Además, el tenis es uno de los deportes más caros del mundo: por el costo de los viajes, los implementos y la inscripción a los campeonatos. Según un artículo del diario Clarín, un jugador profesional que quiere entrar en los 100 mejores del mundo gasta en un año de actividad deportiva 290 millones de pesos. Según el portal matchtenis.com, sólo la compra de los implementos deportivos, ronda entre el millón y el millón y medio de pesos.

Mientras tanto, Camila duerme con el éxito sobre su cabeza. Aunque parezca una mala metáfora, es real. Sobre su cama, tiene una repisa en la cual reposan algunos de sus títulos, pero son tantos que no caben en ese único lugar. Ya perdió la cuenta de sus triunfos (rondan los 87), entre los que abundan campeonatos Nacionales. Se ha sabido acostumbrar convenientemente a los resultados, sabe que las victorias no son eternas, que las derrotas no son sepulturas y las filtra mientras reaparecen- una a una-.

Ella se ríe a borbotones, con un entusiasmo que constata lo genuino de sus gestos y la pasión efervescente que le genera el deporte blanco. Panamá y Puerto Rico son sus próximas paradas, sus objetivos más cercanos, el puntapié inicial para cumplir – paso a paso- sus propósitos.

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