La poesía, un camino para la construcción de paz

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La sucursal del cielo vio nacer a la mujer que juega agregándole amor y pasión a las letras, Amparo Andrade Loaiza, adoptada por el terruño opita desde sus ocho años de edad, es hoy, la mezcla entre la escritura y la docencia.

Despierta.

Estoy despierta.

Puedo escuchar el pájaro amarillo

o quizás es un perro.

Cómo podría entender la diferencia

en medio de esta niebla.

 

Han pasado los días

uno tras otro

con la monotonía de los pasos de acero

y mi voz ya no alcanza

para oírte

¡Dime que no me olvidas!

 

Yo te escribo en la noche

tratando de encontrar la diferencia

entre un pájaro amarillo

y un perro.

 

Y no sé dónde hallarte!

 

Mira que el mundo cae en este punto,

que aquí se han derrumbado los senderos

y que a esta misma hora,

en otro cielo,

un alguien como yo,

trata de hallar el norte

sin que pueda echar vuelo.

Aquella mujer de tez blanca y cabello dorado siempre soñó con ser maestra, pero lo que nunca imaginó es que sería poeta a la vez, pues al estudiar Lingüística y Literatura en la Universidad Surcolombiana se enamoró profundamente de esa otra manera de narrar la realidad, a la que le ha impregnado su pasión, belleza y ritmo.

Desde muy pequeña Amparo se interesó por la lectura, ver a sus padres quienes no habían cursado más de quinto de primaria siendo amantes de dicho ejercicio hizo que ella escudriñara tantos libros y poetas como encontrara.

A los 10 años inició su bachillerato y con él sus primeros pasos en la escritura, en el siguiente audio, la también docente de la USCO narra aquel momento:

Años después, cuando aún se encontraba en el colegio, Andrade hizo parte del equipo fundador del periódico de edición, junto con su profesora Josefina Quintero Murcia, y allí realizó su primera publicación con tintes de poesía.

Alejandra Pizarnik, Luis Cernuda, Gabriela Mistral, pero sobre todo Pablo Neruda, inspiraron a la licenciada en Literatura; “me enamoré de Neruda y sus 20 poemas de amor y una canción desesperada, incluso escribí algunos versos que eran respuesta a los escritos de aquel hombre”, recuerda con una enorme sonrisa afirmando que cada uno ha dejado su huella, su narrativa y la riqueza en su manera de ver el mundo.

Esta poeta recorre en cada escrito los senderos del amor, el erotismo y hace aproximadamente 13 años la poesía infantil con el proyecto Martes de Poesía que ha realizado en la Institución Roberto Suaza Marquínez del municipio de Hobo.

“Amparo es una convencida del poder transformador de la palabra; con su trabajo constante ha hecho posible que todos los martes se conviertan en juego, canto, imagen, color y sabor y de ésta manera ha hecho diferente la vida de generaciones de niños y niñas de Hobo”, señala la docente de la Universidad Surcolombiana, Yineth Angulo.

Dos libros escritos por la poetisa caleña se encuentran en ‘la puerta del horno’, uno es acerca de la experiencia pedagógica que ha venido realizando y el otro sobre poesía infantil.

Aquella mujer amante de las letras, cree firmemente en que la poesía abre caminos para el entendimiento y por ende que es un excelente apoyo para renovarnos como sujetos en construcción de paz, cree también que la poesía podrá salvarnos un poco de ese dolor que ha dejado la guerra en nuestro país, no en el sentido de olvidarlo sino de elaborarlo de una manera distinta.

 

Fotografía: tomada de Facebook

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