La participación juvenil, una reflexión para la construcción de nuevos caminos

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Por: Laura Garzón

La participación juvenil es relevante para el momento histórico por el que atraviesa el país, cargado de cambios, retos y esperanzas, se trata de la construcción de paz, de una reivindicación de los derechos a vivir tranquila y dignamente, a reforzar los lazos de solidaridad, fraternidad y de ese mínimo sentido de humanismo que al parecer hemos olvidado en estos tiempos.

Son los jóvenes los que tienen ahora el poder para cambiar, reorganizar, reorientar el camino del país, en eso coinciden varios de los autores que por años se han dedicado a investigar a las juventudes, como Barbero, Muñoz, Reguillo, entre otros, llegando todos a coincidir en que la juventud más que una etapa es un momento social, es un espacio en donde se construyen identidades propias y se forjan los colectivos, donde el joven se empodera de su causa y la defiende dependiendo de su interés, pues cada joven en su individualidad defiende algo y tiene claro que la juventud es un espacio de constantes luchas por obtener lo que se quiere.

¿DÓNDE COMIENZA LA PARTICIPACIÓN DE LOS JÓVENES?

Desde la escuela, que es el primer acercamiento que tiene el niño con lo que será la toma de decisiones, el cuestionar y opinar; además, es donde empiezan a aparecer los pequeños cargos de representación escolar y de liderazgo en temas culturales o deportivos que van haciendo que éstos crezcan, teniendo claro que para convivir y cohabitar necesita interactuar con sus pares y participar de las dinámicas de su entorno. Cuando el joven crece, y empieza a conocer sus capacidades y fortalezas, aparecen cargos de representación más grandes como los “Gobiernos Escolares”, que por ejemplo obligan a la comunidad estudiantil a elegir figuras como el “Personero” mediante el voto, acción que conceptualmente motiva al joven a entender que, participar hace referencia sólo al ejercicio de ir a las urnas; en ese sentido, la escuela se ha convertido en un espacio homogeneizador como lo plantea German Muñoz, pensamiento que comparten varios investigadores latinoamericanos con los que fue posible conversar en la Segunda Bienal Iberoamericana de Infancias y Juventudes, realizada en Manizales durante los días 9 al 12 de Noviembre.

Para Lorena Firouze Fernández del Río Donoso, investigadora chilena del Instituto Inglés Antuquenu, “En chile la escuela importa más que el hogar, y la educación que se imparte en ella termina supliendo la que le corresponde al hogar, los padres envían a sus hijos a las escuelas esperando que se les eduque como jóvenes participativos pero la respuesta es contraria cuando la escuela los homogeniza. En cuanto a la construcción de políticas públicas sigue siendo una constante que el director de la escuela sea quien en nombre de toda su comunidad se pronuncie frente a estas, ignorando que son los jóvenes estudiantes los directos beneficiarios y no él.”

En ese sentido, Verónica Gómez Urrutia y Paulina Royo Urrizola, investigadoras en temas de juventud, zona centro-sur de Chile, plantean que “La cuestión del reconocimiento del joven para la implementación de políticas públicas empieza desde ellos mismos, hay una brecha entre lo que el joven quiere hacer y lo que termina siendo “capaz de hacer”; los gobiernos olvidan que tratan con personas y no con Robots, esto hace que los jóvenes crezcan pensando que solo algunos tienen derechos participativos.”

Dichas realidades no se alejan mucho de la colombiana, pues en nuestro país las condiciones están dadas para la implementación de planes y proyectos que, se suponen corresponden a la realidad de los jóvenes, y que si bien son necesarios, no se compadecen con el joven y sus reales problemáticas, razón por la cual la ley 375 de 1997 tuvo su quiebre y posterior decadencia.

En ese sentido el joven investigador neivano, Juan Camilo Puentes Castro, manifiesta que, “Neiva tiene la característica de no conocer la población juvenil con que trabaja, y al no conocerla no sabe la forma en que ésta piensa y se organiza para crear democracia, por eso la mayoría de programas de juventud se caen”.

Si bien todos coinciden en que la participación del joven es dinamizadora de cambio social, aparecen las “Políticas públicas de juventud”, que son acciones de gobierno con objetivos de interés público, aunque en muchas ocasiones dichas políticas se quedan cortas frente a la realidad que hoy por hoy viven los jóvenes. Sin embargo, lo importante de ella, es que es pensada específicamente para dicho sector poblacional, pues este grupo dentro de la sociedad necesita un nivel especial de tratamiento, porque es allí donde se construye la identidad y se forja la autonomía con la que el adulto tomará decisiones después.

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