La obra silenciosa de la Biblioteca Departamental

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¿Cuàl es el estado actual de la Biblioteca Departamental Olegario Rivera, símbolo cultural y patrimonio histórico del departamento?

Por: Luis Carlos Prohaños

La Biblioteca Departamental Olegario Rivera por fin tiene aire acondicionado. También ha cambiado la mitad de su equipo de sillas y mesas. Las nuevas contrastan notoriamente con las antiguas. Las primeras son color naranja vivo, las segundas- para dar impresión de época- marrón oscuro. El último retoque que le hicieron fue hace un mes, cuando reestructuraron su aspecto físico, instalaron el aire y cambiaron las sillas. Sin embargo, hay problemas de fondo que no se solucionan a golpe de cambiar fachadas.

El ambiente es auténtico. No hay un espacio en el que el ruido anule la tranquilidad del silencio. Es uno de los pocos lugares de la ciudad en el que aún se venera la discreción. Es una regla implícita, que podría estar escrita en cualquier esquina del recinto, pero no hace falta, en parte porque cada quien sabe a qué va, y en parte porque se respeta el sigilo de los demás. En sí misma, la sala general de la biblioteca es una cultura dentro de otra cultura.

La Biblioteca Departamental fue creada por la ordenanza No. 05 de 19 de mayo en 1945.  Pero solo  en el año 2000 adquirió una sede propia,  en el bloque cultural del Centro de Convenciones de Neiva, donde se encuentra actualmente . Recibe, en promedio, entre 120 y 130 visitantes diarios; que mensualmente, los visitantes alcanzarían la cifra de 3120, y anualmente 37440.

Sólo cuenta con un funcionario de planta, que es muy poco, comparado con la Biblioteca del Banco de la República en la ciudad, que cuenta con 12, o la Biblioteca Pública Municipal de Pereira, que cuenta con 32.
Su presupuesto anual es de 300 millones de pesos, como resultado de la Ley Nacional de Biblioteca Públicas, los cuales se invierten en el pago del personal ocasional que labora en la Biblioteca y en labores de  extensión cultural: talleres, encuentros y conversatorios, con el objetivo de crear una cultura de lectores, principalmente entre  la población juvenil.

El problema de la financiación, tan repetido en muchas instituciones públicas, aqueja también a este reducto de la cultura departamental. Por falta de financiación estatal  no se puede contratar más funcionarios de tiempo completo, y, como consecuencia de lo anterior,  se afecta la prestación de los servicios de la biblioteca a sus usuarios.
Es un síntoma más del desinterés y la subestimación de la cultura nacional y regional. En Colombia la cultura tiene hoy menos del 13,7 por ciento menos de los recursos  que tuvo el año pasado: 302.024.000 millones de pesos, que constituyen el 0,16 por ciento del presupuesto nacional. En el Huila, el presupuesto actual destinado a la cultura es de 9.450.847 millones, lo que representa  el 1.6% del erario departamental. Los recursos que han entrado a la biblioteca se han destinado a para cubrir gastos de la red de biblioteca públicas y a financiar actividades  de extensión cultural.

Miguel Darío Polanía, director de la Biblioteca Departamental, habla sobre el estado actual de este recinto cultural:

¿Quiénes visitan la Biblioteca?
Mientras se abren las puertas de entrada, van llegando poco a poco jóvenes con uniformes de colegios públicos, que usan la biblioteca para hacer sus tareas. También están quienes encuentran en este sitio el lugar para seguir con la rutina histórica de leer la prensa en la mañana. Además, existe un grupo de lectura sobre una colección de esoterismo; y recientemente, ha aumentado el uso y la lectura de la colección de culinaria.
Según la disposición nacional de Bibliotecas Públicas: “Hoy, la biblioteca pública sin dejar de ser centro de consulta y de conservación, es también un escenario para la lectura de todo tipo de textos, incluso audiovisuales; un espacio activo de encuentro de ciudadanos y comunidades en torno a la cultura, la ciencia, la educación, el divertimento y el intercambio universal de conocimiento”.

La Biblioteca, por dentro
Tiene una gama amplia de servicios que se complementan: Sala Informática – que cuenta con computadores muy antiguos y desactualizados-; Sala Infantil -que recibe un número de 40 usuarios diarios-; y la Sala José Eustasio Rivera –que es un auténtico patrimonio de la  ciudad y del departamento para poder conocer a fondo la vida y obra del autor  de La Vorágine. También dispone de una sala para discapacitados, que cuenta con un traductor  de libros al sistema braille, entre otros servicios.

Lo anterior hace de este espacio un lugar incluyente y una suma de servicios sociales. En teoría, es un lugar ideal para la sociedad. En la práctica, el asunto es mucho más complejo: corre con mucha desventaja frente a los desafíos de la tecnología, teniendo en cuenta que no posee catálogo digital y que los equipos de la sala tecnológica se encuentran obsoletos.  Y se enfrenta directamente con los cambios en los hábitos  de lectura entre los jóvenes y ciudadanos, el desinterés por investigar y por  divulgar la obra literaria- en buena parte aún desconocida-  de los escritores que ha producido  esta tierra.

Dos usuarios de este reducto cultural, Madelein Torres y Yovanni Plazas, hablan sobre la labor de la biblioteca y opinan sobre cuál es la razón por la cuál la Biblioteca dejó de ser impotante para la sociedad:


Recibe dotaciones de libros que llegan de la Biblioteca Nacional, como resultado también de la Ley de Bibliotecas Públicas, que tiene como objetivo la estimulación de la lectura.

La biblioteca lucha a contra corriente al tratar de fomentar la lectura y la escritura en la población infantil-juvenil, en un contexto  nacional en el que la mayoría de colombianos solo lee en promedio un libro cada año.  Un dato  revelador es que el mayor uso que se hace de la Biblioteca es para consultas académicas.

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