Jacqueline Ríos, una mujer que adora su oficio de taxista en Pitalito

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Por: Mauricio Suaza y Julian Riveraperiodistas de Suregión en Pitalito

El gremio de taxistas de Pitalito tiene aproximadamente 320 taxis circulando por el Valle de Laboyos, entre ellos hay 6 mujeres que hacen parte de esta importante labor.“Cumplimos varios roles, los pasajeros nos cuentan sus historias”, asegura Jaqueline Ríos, una de las mujeres taxistas del Valle de Laboyos.

La jornada de trabajo de Jacqueline Ríos Morales empieza desde las 4:30 de la mañana. Se levanta con toda la actitud para laborar, se alista y sale con su hija de 17 años para dejarla como todos los días en el colegio Humberto Muñoz, antes de las seis de la mañana.

Después de llevar a su hija al colegio, se dirige al Terminal de Transportes de Pitalito a “turnar”; si en el recorrido levanta un pasajero empieza su labor como taxista, sino, puede ser la primera, tercera o quinta en turnar. “Hay varios turnaderos- dice Jacqueline- , en el hospital, en el parque, la galería, en los pinos, ahí uno se va turnando como van llegando en fila. En el  Terminal de Transporte hacemos dos filas, uno tiene cuenta al que sigue, a veces tenemos que esperar 15 minutos, 20 minutos o  media hora, hemos llegado a estar esperando por un cliente hasta una  hora. A eso mis compañeros lo llaman ‘tostarse’; ellos dicen ‘nos tostamos’ o ‘nos quemamos’. Cuando hay accidentes tapan la vía, entonces nos quedamos ahí un rato ‘tostados’ (risas)”.

Labora hasta el mediodía y dispone una hora y media para ir por su hija al colegio, compartir el almuerzo y dialogar con ella, y de nuevo faltando diez minutos para para las 2:00 pm la lleva para que continúe su estudio hasta las 6p.m. Vuelve  al Terminal para continuar con su trabajo o acude a donde resulten los servicios. Jaqueline Ríos Morales  nos cuenta: “laboro hasta las 7 u 8 de la noche, dependiendo el movimiento que haya de personal, porque hay veces que hay trabajo y otras veces que no, así mismo trabajo… El día domingo entro más tarde a laborar, salimos a las 7 a.m. con la niña y mi madre, vamos a la eucaristía del Señor de los Milagros, de allí salgo a las 8:20 de la mañana, las dejo en casa, y empiezo mi labor. El domingo voy hasta eso de las 5:30 o 6:00 de la tarde.”

Dificultades que se le han presentado con pasajeros

Jacqueline recordó  que en sus primeras carreras hubo un pasajero que intentó sobrepasarse con ella: “Lo recogí, le estaba prestando el servicio y al llegar al hospital, me puso la mano en la pierna, entonces no le dije nada, lo que hice fue que solté el volante y le pegué un cachetadón, le pedí que hiciera el favor y abandonara el vehículo. Ese es el único que he tenido así, de resto no, no ha habido inconvenientes de ese tipo”.

A los taxis llegan personas de todas las edades, adultos, jóvenes y niños, con alegrías, dificultades, problemas familiares, personas delicadas de salud, o simplemente cansados del trabajo. Jacqueline les da la bienvenida,  saluda a sus pasajeros, hay unos que no contestan, ella insiste: “uno tiene que entender que al llegar de viaje están  cansados, estresados, algunos con sus problemas, otros que llegaron tarde, entonces deben tener estrés, ellos  abordan el vehículo, uno les dice ‘buenos días’, y no responden, entonces uno les deja una pausa y vuelve a saludar, esa es mi forma. Entonces ellos caen en la cuenta y dicen:

-¿Cómo me le ha ido?

-¡Bien, gracias!-, respondo. Allí empieza el diálogo.

-Lo que pasa es que llegué cansado, estresado.

– Lo importante es que gracias a Dios llegaron, ahora se toman una pastilla, una buena ducha, un descansito y se paran como nuevos-, les respondo.  Ya entra uno a la plática con ellos,  empiezan a contar  cosas de su vida cotidiana, de sus hogares.

La labor que desempeña como taxista la llena de orgullo, de placer, se siente muy contenta conduciendo: “no está uno en un solo punto, platico con varias personas”, afirma. En algunos casos Jacqueline ha tenido que orillar su vehículo y aconsejar, ha tenido que ser psicóloga, consejera matrimonial, ha hecho el papel de ambulancia y de policía: “La idea es colaborar en algo, sea hombre, mujer, porque eso no tiene ninguna diferencia. Si es hombre, hay unos que llegan y cuentan sus historias, los  problemas en sus hogares: ‘es que ya estoy cansado’, ‘no doy más’, ‘que cantaleta en mi casa’, que lo uno y que lo otro”.

Sobre el gran debate de si las mujeres son “malas” tras el volante, Jacqueline tiene su postura frente al tema:qué lástima que desconfían de ellos mismos, un hombre que diga eso está desconfiando de él mismo, resulta que nosotras aprendimos de ellos, entonces si un hombre me dice ‘es que usted no sabe manejar’, que usted esto, que usted lo otro, bueno, le acepto su crítica, pero nosotras aprendimos de ustedes, los hombres”.

Jacqueline Ríos Morales se aferra al volante no porque le toca, sino porque le gusta, le apasiona estar de un lado a otro, conocer gente, servir, ayudar, pero sobre todo tener una buena actitud y mucha precaución. En medio de risas, expresó: “estoy de un lado para otro y recibo dinero por eso”. Entiende que su familia la espera en su casa y siempre está agradecida con Dios por un nuevo día.

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