ENTRE MÁSCARAS Y ARENGAS Miércoles 31 de Octubre

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ENTREGA 7

Santiago Herrera Bocanegra

Sonia Catalina Castañeda Barrientos

Laura López Cárdenas

Foto realizada por: Alejandro Ospina, estudiante de Comunicación Social y Periodismo

Qué frío estaba haciendo esa mañana. Di vueltas en la cama y me impregné del olor a sábanas sucias ( según mi abuela, pues tan solo llevaban cuatro noches acompañándome y escuchándome divagar). Seguido de una hora de sueño extra y cinco minutos de pereza, decidí que no llegaría TAN tarde a la  USCO, al menos para sentir que era útil en algo, pues solo debía “divertirme” y participar en las actividades programas para el día. Un día como todos, con el ingrediente extra de más tiempo para pensar en cosas tóxicas para mí, en medio de la tensión en el alma mater por lo situación coyuntural por la que pasaba.

Bañe mi cuerpo con jabón de fresas. Me vestí con la misma ropa de siempre: unos jeans apretados que resaltan mi trasero, un crop top gris y unas converse rojas.

  • Ahí le deje papaya para que desayune, Belén – dijo mi abuela
  • Bueno, gracias, ahorita como – respondí con una sutil agresividad

Desayune. tome lo que pude del escritorio, lo guarde en mi maleta y salí corriendo a tomar el autobús. Para ese entonces ya había llegado el típico momento de reflexionar en el vehículo mientras analizaba mi rostro cansado y sin maquillaje.

Eran las 9:13 am. La Universidad Surcolombiana ya había dado inicio a su primera actividad. El recinto académico estaba concurrido,  aunque pudo haber estado más lleno de no ser porque muchos universitarios tomaron el paro como vacaciones, como una situación para no asistir al alma mater o como cualquier otro motivo que realmente no me interesaba. Entre todas esas personas, se destacaban los estudiantes de los colegios de Neiva que estaban a punto de graduarse y empezar a buscar opciones para saber en qué carrito montar durante más de cuatro años .

Había mucho ruido y el ambiente transpiraba fiesta. Al pasar por el Hall, había muchos estantes alrededor. En cada uno de ellos se encontraban algunos estudiantes de las distintas carreras que ofrece la USCO’, pero antes de eso, había un olor a guardado y a viejo que me hacía caminar en puntas hasta el origen de dicho aroma. Eran libros, algunos viejos y otros frescos y listos para ser vendidos más costosos que sus otros compañeros rescatados del olvido por la feria del libro que apenas se desarrollaba en medio del paro.

Seguí hasta el Ágora, donde se suponía que se llevaría a cabo el debate con la rectora de la institución, Nidia Guzmán, pero al llegar me confundí un poco. Me encontré en un evento recreativo con los chicos de los colegios. Aunque Llegué tarde, alcancé a escuchar las intervenciones de la vicerrectora de la Universidad, el representante estudiantil Leonardo Díaz y  la vocería de Felipe- solo conozco su nombre- quien contextualizó a los visitantes de secundaria acerca de la situación de la Usco, la educación pública y el olvido  por parte del gobierno actual que llevó a que los estudiantes y a los docentes de las IES a  organizar un paro nacional.

Luego de la última intervención se dio fin a la primera parte del acto protocolario y los estudiantes dieron inicio a su recorrido por el alma mater. Mientras iniciaba la segunda parte de la actividad, me dirigí hacía donde se encontraban los estantes con los libros esta vez  para verlos con más detalle. Capote, Bukowski, Nietzsche, Harper Lee, Verne y Galeano fueron los autores que deseaba llevar conmigo,pero no podía, no tenía dinero, por mas baratos que estuviesen los libros, solo contaba con algunos pesos para el almuerzo en el restaurante “La Venada”. Pensé todo el día en las palabras que pude haber tragado con cada uno de esos libros si los hubiera comprado, pero el vacío en los bolsillos pesaba cada vez que tomaba un libro en mano.

Me encontré con María Paula una compañera que estudia Comunicación Social y  Periodismo conmigo. Nos dirigimos a la cafetería a comprar algo de mecato – como si la papaya de la abuela no hubiese bastado- pero la ropa de segunda mano, los libros con olor a olvido y los discos de vinilo – la mayoría de cantantes y bandas que no conocía, y de los cuales tenía más cercanía con el de Liza Minelli  – llamaron mi atención. Había un tesoro de antigüedades organizado por una chica tan rubia y dorada como su acompañante, ambos con ojos claros y piel muy blanca medio asoleada. Igual que en la feria del libro , solo eche una ojeada a lo que había.

Permanecí en biblioteca hasta las 11:30, ya que a esa hora tenía una reunión con la comisión de comunicación de la UNEES (Unión Nacional de Estudiantes de la Educación Superior). Una vez  llegó la hora, me dirigí hacia los kioskos frente al restaurante “La Venada”, donde se iba a llevar a cabo el encuentro con los demás miembros de la comisión. Permanecí ahí aproximadamente hora y media, tiempo en el cual se tocaron diversos temas respecto al paro y la movilización que se llevaría a cabo ese día. Ya que era importante la logística para que todo saliera bien. Terminada la reunión, fui a almorzar a la venada junto a mi compañera, María Paula, el sonido de mi estómago era más fuerte que el de  la música en el y las carcajadas ensordecedoras de los estudiantes tanto de la universidad como de los colegios que nos visitaban.

Entre las risas de María Paula y las de los demás compañeros y compañeras que llegaron a acompañarnos a las Ágoras, pude notar  como a eso de las 3:00 p.m. el olor  a sudor y a pintura era cada vez más intenso. Era la pintura de los estampados que estaban haciendo  los mismo estudiantes por $1.000  y las pintucaritas  blancas y negras que eran deslizadas con los dedos y pinceles de los estudiantes de Artes, sobre las pieles jóvenes y revolucionarias de aquellos que se  preparaban para danzar en el carnaval de Halloween.

Yo no era de esas personas que les gustaba ser vista, y menos de cerca, pero debía aportar algo, así que me acerque para que me pintaran lo de siempre: una calavera. Pero bueno, después de todo estaba muriendo. Yo. La paz. La educación pública.

A las 6:00 pm se tenía programada la movilización por a educación pública al estilo Halloween. Sin embargo, esta inició aproximadamente a las 6:30. La ruta no era clara para aquellos que no hicieran parte de la comisión de logística de la UNEES, pues eran ellos quienes habían planeado la ruta con el objetivo de que muchas personas pudieran enterarse de lo que pasaba y que los policías no desviaran los vehículos, para tener más espectadores y así mismo informarlos. El ambiente se sentía pacífico y muy alegre, a pesar de la situación, los rostros de los participantes reflejaban sonrisas, pues por ahí dicen que a malos tiempos, buena cara. Las personas salían a los andenes a observar esa masa de gente que caminaba con un mismo objetivo, defender la educación pública.

La diversidad se veía reflejada en aquella movilización, pues habían personas con carteles disfrazadas de distintas formas y personajes que danzaban al ritmo de platillos, tambores, trompetas y el más importante, la voz, o mas bien las voces de aquellos y aquellas que pedían lo que por derecho les pertenecía; que gritaban arengas al unísono; qué bostezaban por el cansancio; que cantaban “El Vals del Obrero”, unas voces roncas por el cigarrillo y las arengas, y otras tan finas que aún no entiendo como estaban tan sanas. Por supuesto yo hacía parte del primer grupo. Con el timbre de voz oscuro que caracteriza a mi voz.

El recorrido fue bastante largo, algunos ya manifestaban su cansancio, entre esos, yo, pues mis pies dolían un poco, pero me motivaba las ganas de defender mi universidad y la educación de todos. La marcha se mantuvo con energía y ánimo hasta el final. Concluimos en el parque del Amor y la Amistad, donde nos hicimos en círculos y algunos otros estudiantes a los alrededores del parque. En este espacio se llevaron a cabo algunas presentaciones como el baile del “Taki Taki por la educación”, un Sketch por parte de los estudiantes de inglés y por último se llevó a cabo la premiación al mejor grupo de disfraces, aunque la mayoría ya se habían ido, se realizó con los grupos que aún seguían presentes. Mi cansancio me llevó a dejar las presentaciones antes de que terminaran, mis párpados ya se sentían un poco pesados. Mis piernas dolían y mis pies no aguantaban estar más tiempo parada, así que me retiré y fui caminando hacía mi casa, con una bonita sensación y llena de muchos sentimientos que me motivaban a seguir luchando y resistir.

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