En Colombia es más peligroso informar sobre un crimen que cometerlo

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Por: Angie Lozada, Sofía Cano, Paola Herrera y Walter Villabón,  estudiantes de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Surcolombiana.

Imagen tomada de El País.

El periodismo en Colombia ha sido blanco de amenazas y silenciamientos que a menudo  ponen en entredicho las condiciones mínimas para el ejercicio digno de la  profesión. A través de la historia hemos visto como la pluma ha sido cegada por bombas y balas que cada vez  hacen retumbar el país con la realidad y sus verdades. Es por eso que la labor periodística es riesgosa, mal pagada y hasta mal agradecida. El boom de la inmediatez y las fake news nos han vuelto blanco de críticas y desprestigio, pues  ser periodista ha llegado a ser  equivalente a ser “farandulero”. Tales motivos nos llevan a asumir un compromiso ético, y no solo profesional, también personal, con el buen periodismo.  Nuestro compromiso radica en poder valorizar el trabajo investigativo creando espacios en los que se incentive a los consumidores de noticias  a ser más crítico de los contenidos; fortaleciendo la academia para que forme al Comunicador Social Periodista, no con el fin de salir a conseguir un empleo a cualquier precio, sino para que salga a ofrecer un periodismo de calidad, de rigor, de investigación, que cumpla las normas básicas y se conviertan en el puente principal entre los hechos, las memorias y la verdad.

Gracias al trabajo que ejercen día a día los periodistas en este país, ha sido posible identificar  casos de corrupción y violaciones a derechos humanos, y así movilizar y alertar a la opinión pública. Cada ataque contra los periodistas  debilita no sólo la libertad de expresión, sino también el derecho de los ciudadanos a contar con información plural. Informar es una profesión de alto riesgo, en muchos países.

El buen periodismo actualmente está en crisis, y los buenos periodistas, con ética profesional, que han hecho públicas sus investigaciones están contribuyendo a que los ciudadanos se apropien del  derecho fundamenal a la información sin tapujos ni cobardía; ya que a pesar de las amenazas de muerte, que son lanzadas con el único objetivo de censurarlos e intimidarlos, muchos reporteros- especialmente en las provincias y regiones del país- siguen en pie con su periodismo crítico y de interés social, tomando plena conciencia de que no se puede privar a los colombianos de estos hechos tan relevantes que conciernen a la sociedad. “La labor del periodismo es buscar la verdad, no hacer justicia”, ha subrayado Daniel Coronell. La verdadera misión de la prensa y el  periodismo de calidad, es aproximarse a ejercer la función fiscalizadora que tiene como deber y derecho, además de destapar las injusticias y hacer revelaciones basadas en informaciones precisas y verificadas, así como en juicios de valor ponderados y basados en los hechos,  para que los ciudadanos conozcan y descifren el contexto en el que viven.

A esta altura del camino, nos preguntamos: ¿Cómo puede ser que en Colombia sea mucho más peligroso informar sobre un crimen que cometerlo?

La democracia necesita un periodismo con pluralidad de voces y de recursos, un periodismo sólido. El país está fallando en propiciar un ambiente donde se pueda construir una prensa de ese estilo. Si no hay un compromiso serio por parte del Estado, y si la sociedad no despierta a la importancia que tiene la prensa en el país y la seguridad de sus periodistas, año tras año seguiremos lamentando las mismas condiciones, pero la principal damnificada será la construcción de una nueva Colombia.

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