El recurso hídrico del Huila, en el centro de la disputa

Esta es la segunda parte de un especial periodístico de Suregión sobre la situación del sector minero-energético en el departamento del Huila, la cual está dedicada a explorar las disputas en torno al agua en uno de los departamentos con mayores recursos hídricos. La primera parte del especial se tituló: “Mapa de la minería  y de las consultas populares en el Huila”.

Por: Carolina Torres y Luis Carlos Prohaños, periodistas SuRegión

La ubicación geográfica del departamento del Huila lo sitúa en un contexto en el que el agua es el recurso natural más abundante, y por consiguiente, el más apetecido. El departamento, al ser parte del Macizo Colombiano, se ubica en la estrella hídrica más importante del país. Allí nace el Río Magdalena, la columna vertebral hidrográfica nacional. La cuenca del Magdalena, que tiene un área total de 22.171 km2, abarca todo el departamento del Huila en lo que se conoce como el Alto Magdalena.

Asimismo, según el Plan de Cambio Climático, Huila 2050, el departamento del Huila cuenta con subcuencas hidrográficas que proporcionan en promedio una oferta hídrica máxima de 555 m3 /s y una oferta mínima de 215 m3 /s.

El recurso hídrico es parte indispensable para el proceso de extracción minero-energética. Estos son los usos de agua nacional que hacen la minería y la hidroenergía en el país:

Según Huila 2050, “el agua se convierte en el centro de la competitividad y el desarrollo del departamento”. Lo que habla a las claras de una disputa económica en la que el recurso natural se convierte en un bien de mercado.

Lo anterior es una realidad que ha sido aprovechada en función del desarrollo minero-energético a gran escala, promovido desde el Gobierno Nacional como modelo de desarrollo. Por eso, alrededor de las distintas subcuencas del Río Magdalena en el departamento, se han originado distintos proyectos de alto impacto ambiental que han ido en detrimento de la conservación y preservación de este recurso, como consecuencia de la puesta en marcha del Plan Maestro de Aprovechamiento del Río Magdalena. Además, estos proyectos han desembocado en significativos conflictos ambientales en los que los principales afectados han sido las comunidades que habitan estos territorios.

Las hidroeléctricas y su implicación en la cuenca del Río Magdalena

Actualmente el departamento cuenta con dos de los proyectos principales de la red Nacional hidroeléctrica: Betania, en funcionamiento desde 1986, y El Quimbo, desde 2015, que producen 540 y 940 megavatios, respectivamente.

El Plan Maestro de Aprovechamiento del Río Magdalena formulado desde 2011 mediante un convenio entre Hidrochina y la Agencia Presidencial para la Cooperación, contempla, entre otros aspectos, el del uso de la cuenca del río para la generación de energía en el tramo que comprende la extensión de territorio desde el municipio de Isnos, Huila hasta Honda, Tolima. Según los autores de dicho Plan, el Huila cuenta con un potencial hidroeléctrico capaz de generar el 43% de la producción energética del país.

Como resultado de esta política nacional, en la actualidad existen estos proyectos hidroeléctricos en el departamento del Huila, todos a lo largo de la extensión de las subcuencas que conforman el panorama hidrográfico del departamento del Huila:

La generación de energía en el Huila ocupa el tercer lugar en el uso de agua, según el documento de cambio climático del departamento, a lo largo del eje hidroeléctrico sobre el río Magdalena. Este documento también advierte la necesidad de la creación de estrategias a escala departamental que propendan por un uso eficiente y racional de dichos recursos.

Por su parte, el gobierno nacional, en su Plan de Desarrollo 2014-2018, ha sido específico en su intervención: “Cuando haya lugar, el Gobierno nacional tomará decisiones sobre los recursos minero-energéticos que deben ser explotados prioritariamente bajo criterios de eficiencia, pertinencia, beneficio-costo para el país y las regiones y rentabilidad en el largo plazo.”

Estos proyectos de generación de energía tienen varios aspectos que podrían determinar la evaluación de su desempeño: por un lado, según la advertencia del Plan de Desarrollo del Departamento del Huila 2016- 2019, “las decisiones que se toman sobre el territorio, no se sustentan debidamente en aspectos técnicos y consideraciones de tipo territorial generando deficiencias graves en la planificación  y la formulación de proyectos.”

Según Miller Dussán, investigador de la Universidad Surcolombiana y líder ambientalista, estos proyectos hidroeléctricos traen consigo varios problemas de fondo y de forma: por un lado, se realizan sin diagnósticos técnicos ambientales independientes, como se evidenció en el caso de El Quimbo, donde se llevó a cabo  el desalojo forzado de las comunidades de sus territorios, mediante imposiciones gubernamentales y el uso de la fuerza pública. Lo más grave del asunto, expresó el profesor Dussán, es que se ponen los recursos naturales, como el agua, al servicio de las multinacionales y con ellos los territorios, y eso conlleva unos daños colaterales irreparables: daños ambientales (inundación de tierras productivas, contaminación), afectaciones sociales (despojo y cambio de las formas de producción) y perjuicios culturales (desarraigo y afectación al patrimonio cultural de las regiones).

Según una investigación publicada en la Revista Científica Monfrague, Desarrollo Resiliente, entre las principales consecuencias desfavorables reconocidas en estudios realizados alrededor del mundo sobre el impacto de las represas, se cuentan el desplazamiento físico de personas, los procesos de reasentamiento, la pérdida de fuentes de empleo y del sustento económico; la interrupción de los corredores migratorios de especies animales, principalmente acuáticas; la pérdida de hábitat y la extinción de especies animales y vegetales.

Colombia es un país que produce energía mayoritariamente con el objetivo de la exportación. Según proyecciones de la Unidad Nacional de Planeación Minero Energética (UPME) se puede satisfacer el crecimiento de la demanda interna nacional hasta más allá del año 2030.

El documento Plan de Cambio Climático, Huila 2050 advierte que los retos hídricos en el Huila se pueden agravar con el cambio climático, “aumentando el conflicto entre los diferentes usos, incluyendo los usos urbanos, agrícolas y energéticos”.

 

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