El proceso judicial contra el senador Uribe Vélez y la función del buen periodismo

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Por: Jaime Navarrete, periodista de Suregión 

En Colombia los medios de comunicación históricamente han estado politizados, es decir al servicio o a favor de intereses políticos de algunos sectores; desde el nacimiento de las primeras revistas y periódicos en el siglo XIX, que se convirtieron en los medios difusores de las ideas del trapo rojo y del trapo azul.

Pero la política colombiana dio un vuelco y en 1991, luego de una iniciativa estudiantil conocida como la Séptima Papeleta, se presentó la nueva carta magna de la Nación que trajo consigo unos derechos y libertades antes negadas o restringidas, las cuales permitieron el surgimiento de nuevas voces políticas con ciertas garantías constitucionales.

Por su parte, el periodismo colombiano al igual que el periodismo mundial, presentó mutaciones y encuentros con la Web y la red de redes (apenas despegando),lo reformó la concepción periodística que se tenía y de alguna manera democratizó la información. El papel del periodista poco a poco se ha ido encerrando en las salas de redacción,  y la reportería, como método y práctica profesional otrora muy valorada, ha ido perdiendo fuerza a medida que las tecnologías de la información y la comunicación continúan avanzando.

En este contexto, surgió  un político sagaz llamado Álvaro Uribe Vélez, natural de Antioquia,  que inicialmente perteneció al Partido Liberal pero que luego de ocupar algunos cargos públicos, en algunos de ellos cuestionado por sus decisiones (Director de la Aeronáutica Civil, Alcalde de Medellín y Gobernador de Antioquia) y de captar un electorado significativo atraído por su discurso de seguridad democrática, decidió lanzarse  a la Presidencia por el movimiento Primero Colombia, con el que ganó las elecciones de 2002  con más del 50% de los votos emitidos.

A partir de allí Uribe Vélez construye un nuevo modo de hacer política en Colombia, y la relación tan marcada históricamente entre periodismo y poder empieza a resquebrajarse.  Uribe opta por tener una relación de confrontación hacia los medios que lo cuestionan y critican, pero  se muestra cercano a los medios pro-gobierno que abren sus micrófonos y cámaras para que despliegue su discurso, casi que sin interrupción ni interpelación por parte de ningún periodista. Es decir, su imagen de un dirigente carismático y cercano al pueblo, camufla en verdad un hombre con tintes autoritarios que busca censurar a medios y periodistas que lo investigan y cuestionan.

A medida que avanzó, su gobierno  estuvo marcado por hechos bochornosos para el país como los escándalos de Agro Ingreso Seguro, los mal llamados Falsos Positivos, las Chuzadas del DAS , la Parapolítica y  la Yidispolítica, la cual puso  al descubierto una corrupción monumental entre los congresistas para que se modificará la Constitución y Uribe pudiera ser reelegido.

Ahora que el expresidente Uribe Vélez es investigado por fraude procesal y falsos testigos en la Corte Suprema de Justicia, algunos medios no han sido los suficientemente persistentes y éticos a la hora de exponer con argumentos claros cada parte de este proceso, que en el último año ha causado un tsunami político en el país.

Estamos hablando de que los periodistas tienen el deber de informar a la opinión pública acerca de casos de relevancia nacional que de alguna manera afectan la vida social y política del país, y este no es un caso menor, ya que se trata del político más votado en los últimos 20 años en la nación.

Cabe destacar las habilidades  comunicativas del expresidente y su manera de marcar las pautas en sus propias ruedas de prensa, de una manera nada cordial, frente a las contra preguntas que realizan algunos periodistas que quieren ir más allá y extraer información de interés público que se ampara en el derecho a la información que tenemos los ciudadanos.

Los periodistas deben procurar ser independientes, dejar su ideología política, su sesgo y mantener como dicen los manuales periodísticos la autorregulación, o como recalca Pablo Vaca, director de la Fundación para la Libertad de Prensa, un claro criterio editorial o profesional en el que  las pasiones y emociones se dejan de un lado para entregarle a la ciudadanía una información verídica y confiable que les permita emitir su propio juicio de una manera racional, de acuerdo a las informaciones verificadas que presenten los medios.

El periodismo actual no debe olvidar las habilidades periodisticas que le permiten realizar una investigación rigurosa, por medio de la cual  se escuchen las distintas voces en disenso y se mantenga el respeto por la rama judicial y sus normas, que contemplan herramientas como la reserva del sumario, la cual  permite generar un ambiente de confianza y asegurar  que las garantías del debido proceso se están cumpliendo.

De igual forma, el periodista tiene que tener cuidado en no convertirse en un juez que emita sentencias condenatorias,  ya sea porque tiene en sus manos pruebas aún no develadas o porque su sesgo político pesa más que su criterio y ética profesional. Debido a que los periodistas no cumplimos ese papel de jueces, somos constructores de democracia, de espacios de diálogo y discusión e incentivamos la participación y el pensamiento crítico, no imponemos nuestras posturas.

En cuanto al caso concreto basta preguntarnos: ¿de quién es la culpa? ¿De Uribe que domina los medios a su antojo o de los medios que se someten a su arbitrio? Ambos tienen responsabilidad, Uribe en primera medida por no respetar el papel de los medios de ser fiscalizadores y veedores de los procesos democráticos, es decir, de ser el cuatro poder en una sociedad; y de los medios por no mantener un criterio profesional firme respeto a las pautas que el expresidente Uribe quiere siempre imponer para salir bien librado.

Cubrir un proceso judicial a un expresidente será siempre complejo, sobre todo en un país como Colombia, sin embargo, el país entero tiene el derecho a conocer la información y los avances del proceso judical que involucra a quien es fue llamado por Iván Duque el “presidente eterno”.

Por lo anterior,  es que el país requiere: ¡Libertad de expresión, derecho a la información e independencia mediática!

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