El malecón de Neiva conserva historia y soledad

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Panorama actual del Malecón de Neiva, un lugar que en otra época parecía ser el lugar de concurrencia social de la ciudad y ahora es uno de los tantos lugares que padecen la soledad y el abandono.

Por: Luis Carlos Prohaños, periodista Suregión

Las hojas caídas de los árboles se pasean por el suelo movidas por el viento, mientras el río Magdalena suena tranquilo, en su soporífero andar. En el Malecón de Neiva, desde el monumento a los Pescadores hasta el del Mohán, sopla el huracán del silencio permanente en horas de la mañana. Por el Malecón deambula gente que no se para a mirar, que sigue preocupada en su andar rutinario. Pasan buses, tractomulas, motos que pitan innecesariamente, y no se detienen un segundo.

A grandes rasgos, el Malecón es un lugar que no ofrece gran atractivo visual. Quien haga una ojeada rápida no encontrará detalles que le convenzan de visitarlo. No es un lugar que destaque por su estética arquitectónica o por una seducción decorativa. Es un lugar en el que, para encontrar algo interesante, hay que escudriñar minuciosamente y con paciencia en su interior. En las mini calles que constituyen la zona de ventas hay muchos locales en estado de abandono, que se encuentran asegurados a fuerza de candados. Este es el fracaso de lo que alguna vez fue un sueño de futuro para algunos neivanos.

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El tambor y la historia

Allí, en uno de los cubículos que aún se encuentran en uso, se encuentra Delio Andrade, un hombre que convirtió un hobby en su trabajo. Delio es un artesano que elabora tambores en guadua, construye esterillas y marranas,  instrumentos típicos del Huila. En tiempos de fiestas sampedrinas, se dedica a cantar rajaleñas con su grupo musical.

Cuando Delio llega, saca su máquina cortadora de madera, se pone su traje de carpintero, y empieza su elaboración manual. En el interior de su local, guarda tres tambores de una estructura grande, también tiene una cuerca, instrumento es desuso actualmente, que es similar a la marrana pero su extremidad es una cuerda.

Delio, además de ser artesano, hace las veces de carpintero. Además, es uno de los surtidores de los demás locales que componen al Malecón. Elabora gatos, búhos, lagartos, y tamboras tradicionales en madera.

Las manualidades artísticas de Delio Andrade

Delio es el creador del majestuoso tambor que usa actualmente la Secretaria de Cultura en los eventos de promoción del Festival del Bambuco a nivel nacional. Según Delio, cuando Raúl Rivera- titular de la cartera de cultura- lo vio, inmediatamente le fascinó y ordenó comprarlo.

Él también es conciente del estado actual del Malecón. Entre resignado y enfadado, se queja, y mientras veo a su alrededor, le doy la razón.

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Siguiendo el recorrido por esta orilla del río pavimentada y construida, se ven algunos lugares comunes,  niños jugando al fútbol, un aviso desatendido, que pide el cuidado del medio ambiente y la limpieza de lugar, el lugar absolutamente descuidado e indecoroso. Se ven locales en los que dos mujeres jóvenes atienden, sentadas por la ausencia de demanda. Se ven dos jóvenes, una de ellas argentina, el otro bogotano, que visitan el Malecón porque- vaya paradoja- el lugar es uno de los más representativos de Neiva y el Huila.

Al final del recorrido, la intensidad del sonido ambiente sube. En el mercado poco convencional del pescado- una mini galería municipal, de las tantas que existen- se encuentra a Teresa Charry, de 49 años, quien ha dedicado toda su vida a comprar y vender pescado. Natural de Honda, Tolima, llegó a Neiva para continuar con la tradición familiar de repartir su vida entre toneladas de pescado, en una jornada que inicia a las 6 de la mañana y puede terminar, en el peor de los casos, doce horas después.

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También allí se encuentran Manuel Borrero y su esposa María, dos adultos mayores, a quienes se les sigue viendo en esos parajes desde hace más de 12 años, desescamando y zajando pescados, dejándolos listos para su consumo. Con un cepillo de cerdas de metal, llevan a cabo lo primero, y con un cuchillo grande y la prestancia de artista, terminan el  proceso.

Los tres se situán cerca al monumento al pescador y de las balsas. Ya tienen su propia clientela, y se pelean a los nuevos clientes mediante frases persuasivas.

El mercado de pescados continúa vigente

Ellos son la muestra pequeña de una cultura tradicionalista, que vive del río. Ellos son, en un lugar en el que se presumía que llegaría el desarrollo de la ciudad, el indicio de que hay prácticas que se niegan a morir a pesar del paso del tiempo. Ellos, también, son la exhibición de una comunidad que sigue junta y se desenvuelve en conjunto.

El Malecón, entre sus muestras de abandono y desolación, es uno de los pocos lugares en la ciudad de Neiva en el que los rastros del pasado permanecen intactos, inamovibles.

 

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