El maestro Jairo Beltrán Tovar, compositor huilense que no para de escribir

Por: Luis Carlos Prohaños, Periodista SuRegión

El maestro Jairo Beltrán Tovar ( Neiva, 1941) es  Licenciado en Filosofía y Letras, músico autodidacta, compositor espléndido y humanista empedernido, siempre ha tenido en su andar un rótulo de educador. Participó en la escritura  del quinto volumen de la Historia General del Huila; ideó y creó, en 1987, el encuentro de compositores que llevaba su nombre: un espacio  de reconocimiento a los escritores musicales del departamento, en el que se exaltaban sus aportes a la cultura regional. Lo dirigió, logró que el Instituto de Cultura Departamental lo financiara y lo incluyera en la programación del Festival del Bambuco, hasta 2015, cuando se cansó de la indiferencia y el desinterés institucional por mantenerlo. También fue profesor durante muchos años en la Institución Educativa INEM y de varias universidades. Ha luchado toda su vida por atesorar la memoria cultural del Huila y la región sur.

Ha escrito más de 70 canciones, de las cuales 40 han sido grabadas por distintos grupos musicales. Entre ellas sobresalen Retazos, Señora Libertad y Mauricio, Déjame cantar esta canción, Don Antonio, Perla Morena, Amigo diferente, Cumbia Negra y Luciérnaga.

Jairo Beltrán Tovar ha sido siempre íntegramente huilense. Ha rondado distintos puntos cardinales del departamento. Nació en Palermo y fue enviado a Neiva para que le trataran un tifo que amenazaba con su reciente existencia. Después viajó hacia Altamira donde los cuidados de la abuela paterna le restauraron la normalidad a su vida. Allí desarrolló las destrezas artísticas que hasta el día  de hoy le han significado su felicidad y una parte de su supervivencia económica;  cuando regresó a Neiva,  se encontró con una generación de nuevos compositores que estaba escribiendo música cada vez más sublime: una estirpe conectada genéticamente por el gusto de sacarle melodía a lo cotidiano.

Con su generación se afianzó en un grupo de amigos. Cada uno por sí mismo significaba un mundo musical completo y distinto, seis jóvenes idealistas: Héctor Álvarez, Vicente Romero, Álvaro Córdoba Farfán, José Ignacio “Papi” Tovar, Luis Carlos “Pipa” Prada, que hicieron época y marcaron un precedente histórico en la historia de la composición en el Huila.

Decidió emprender un periplo sostenido durante 4 años en su motocicleta, con el plan de escribir un libro que le rindiera homenaje y rescatara la vida, el aporte y el legado de todos los compositores que han dejado música para el Huila- naturales y extranjeros-. Y lo logró, en 2003 publicó La Pluma de mis Maestros, editado por él mismo: un libro de 316 páginas, que incluye la obra y la vida de  Andrés Rossa Suma, autor del himno de Neiva, hasta Alfonso Cangrejo González, compositor contemporáneo.

La composición del maestro

El maestro Beltrán, durante los años sesenta del siglo anterior,  componía bajo el influjo del nadaísmo, leía a Gonzalo Arango- se nota en las letras de sus canciones- y creía con firmeza en su poder de invención.  Una época, que, según cuenta,  evoca la Neiva de mitad de siglo XX, en la que las emisoras locales Radio Neiva y La Voz del Huila realizaban concursos de canto en vivo y en la que el radio teatro era su plato fuerte en la programación. Los sitios  de reunión social en Neiva eran la Hostería Matamundo, en el esplendor de su leyenda, y el Hotel Plaza.

El maestro sigue escribiendo canciones,  poesía y  otros libros. Eso fue siempre su vida: una escritura constante y permanente. El maestro Beltrán confiesa, mirando al suelo, que la lluvia y el agua le activan la inspiración. Escribe cuando llueve, cuando hay frío, y sobre todo, cuando está a la orilla de un río.

“Es el Huilense que acuna entre sus venas la identidad del pueblo opita y la grandeza de su raza. Admiro su integridad de artista, de escritor, de poeta, porque con la misma facilidad que escribe una canción o un artículo de prensa, dibuja pentagramas en la historia  y el paisaje colombiano”, declaró alguna vez, su gran amigo, Álvaro Córdoba Farfán.

El maestro es el retrato vivo de otra época viviendo en esta. Pasa sus tardes sentado junto al computador, releyendo y corrigiendo las últimas páginas de su novela en construcción. Su estudio está lleno de distinciones, entre las que destacan, la Orden de la Huilensidad de la Gobernación y el reconocimiento de la Fundación Villamil Cordovez.

La obra del maestro Beltrán Tovar

Se casó hace 52 años, tres meses después de haberse enamorado de Nohora Díaz, su sustento, su baluarte y su inspiración. Siguen enamorados “como la primera vez” confiesa ella, con una sonrisa pícara, mientras suspira recordando las épocas en Florencia, después de que, al verse pasar por una calle- el uno al otro- sintieron súbitamente el pinchazo agudo del amor. Desde entonces han estado juntos, y son felices. “Parece que fue ayer”, suspira Nohora.

Ella ha sido testigo del lado más íntimo y personal  del maestro Beltrán:

Jairo Beltrán siempre ha querido tener una marca registrada, una rúbrica exclusiva. En su juventud, teniendo espejos como Villamil Cordovez o Durán Plazas, decidió crearse un sello distintivo que en la actualidad conserva con mucho orgullo.  “Lo mío es el romanticismo general”, dice. Como lo ilustran los versos de este sanjuanero de su autoría:

Amor que vives en mí,

Preciosa flor,

Dime por qué me miras así, con ese desdén, sin compasión

Qué causa dolor.

Puedes pensarlo

Y hallarás bien la razón

De lo contrario, te aseguro,

Qué haré retazos

de este pobre corazón.

Retazos: Sanjuanero de Jairo Beltrán Tovar.

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