El idioma nativo en Colombia agoniza y se esfuma

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Por: Luis Carlos Prohaños, periodista SuRegión

Ser parte de la población nativa en Colombia hoy, contrario a lo que las leyes y la misma constitución promulgan, implica ciertas dificultades: ser una minoría históricamente relegada y discriminada, la desigualdad social imperante sus comunidades -el 63 por ciento del total de su población vive en la pobreza, y el 47% está por debajo de la línea de la miseria- y la desaparición paulatina de sus lenguas nativas, como resultado de la falta de reconocimiento en el terreno cotidiano.

Este último acontecimiento ha sido uno de los grandes padecimientos que ha soportado la cultura nativa del país. Como acentuación de su condición minoritaria, sus lenguas  autóctonas están sufriendo un proceso de desaparición progresivo que es el resultado de distintos factores políticos y culturales que se han ido legitimando y legalizando conforme ha pasado el tiempo: la normalización del castellano como el idioma oficial, y por consecuencia, obligatorio en todos los escenarios sociales del país, la insuficiencia institucional por promover la enseñanza y la conservación de las mismas lenguas y los cambios culturales de estos pueblos cuando salen de sus territorios.

La Unicef, enfática en este aspecto, señala que en Colombia “no se respeta siempre el derecho a la educación en sus propias lenguas y valores culturales. La educación a la que logran acceder los niños, niñas y jóvenes indígenas –donde no hay programas especiales– se traduce en cambios aculturativos y por ende irrespetuosos del derecho a lo propio”

La constitución nacional de 1991, tan intencionada en su pluralismo, reconoce que el país es pluriétnico y multicutural; y, en su artículo 7 dice que: “el Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana.” A su vez, la ley 115 de 1994 desarrolla detalladamente la existencia institucional específica de una “etnoeducación” propia de los pueblos indígenas. La misma carta nacional reconoce que “el castellano es el idioma oficial de Colombia. Las lenguas y dialectos de los grupos étnicos son también oficiales en sus territorios. La enseñanza que se imparta en las comunidades con tradiciones lingüísticas propias será bilingüe”. Las anteriores afirmaciones entrar en contradicción dentro del terreno de aplicación. El reconocimiento de la oficialidad del castellano tiene la grave implicación del menosprecio, y, en muchos casos, la negación de las lenguas que se están hablando en los territorios periféricos que habitan actualmente las comunidades indígenas.

Este es la realidad actual de las lenguas nativas de Colombia:

La realidad de la población indígena y nativa está muy alejada de las intenciones jurídicas, en lo cuanto a lo idiomático se refiere. Según el informe Los pueblos indígenas en Colombia de Unicef, en su capítulo 4,  “el Estado no valora suficientemente el patrimonio cultural, lingüístico y de intuiciones tradicionales de los pueblos indígenas”. Prueba de eso, es la nula valoración que tienen las lenguas nativas en las instituciones de educación públicas, ya sea de educación básica o superior. Las Universidades Públicas del país en sus requisitos de bilingüismo en sus estudiantes no reconocen las lenguas nativas como un idioma que sea válido.

Por esto, de las 68 lenguas nativas que existen en el país actualmente el 41 % se encuentran en estado de extinción y el 27% aparecen en una situación de vulnerabilidad creciente.

Según Jon Landaburu, investigador de temas étnicos en Colombia, esto se debe a 2 factores: por un lado, a que “la demanda de enseñar la lengua en la escuela es menos clara. La escuela es una institución del blanco que hasta ahora poco se ha apropiado el indio”; por otra parte, porque “el entendimiento de la demanda real de las comunidades que no coincide necesariamente con el discurso ideológico de la recuperación étnica”, esto tiene con que ver con que “los pueblos quieren que la lengua sea revalorizada hacia afuera y que tenga una visibilidad más allá de su uso coloquial”.

El mapa de la distribución geográfica evidencia una realidad que puede ser la explicación de la desaparición paulatina de las lenguas nativas: la mayoría de los pueblos indígenas que hablan estos idiomas se encuentran en las zonas periféricas y selváticas del país. Entonces, con un aparato estatal tan débil y poco estratégico territorialmente como el de Colombia, “la cotidianidad indígena y sus lenguas no supera el mero esfuerzo institucional  porque existan libros escritos en su lengua – aunque no se usen- que la lengua sea utilizada en lugares de prestigio (reuniones importantes, etc.), que haya programas radiofónicos donde se hable en la lengua, que la lengua aparezca en la toponimia oficial, que los nombres tradicionales sea reconocidos, que la lengua sea contabilizada en los inventarios oficiales” señala Landaburu.

Más allá de eso, no hay nada. Si bien la legislación ha avanzado en ese sentido, su influencia no es decisiva y hoy Colombia está corriendo el riesgo de no poder preservar uno de los pocos escenarios culturales autóctonos y originales que han quedado después de la etapa de llegada de España y su imposición en la cultura nacional.

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