“El compromiso en contra del hambre no debería tener costo”

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´Teresita Morales´ es una giganteña que llegó a Neiva cuando solo tenía quince años, a raíz del desempleo que afrontaban sus padres en la “Villa del amor”, como pregona el himno del municipio de Gigante, pero no tan Gigante como el amor de esta huilense por servir a la comunidad.

Cuando llegó con sus padres a la capital huilense, recuerda que vivieron en arriendo por algunos años hasta que su madre recibió un lote ubicado en el barrio Santa Isabel comuna seis donde construyeron una casa con el esfuerzo de años de trabajo.

Hace 53 años ´Teresita Morales´ vive en este sector. Sus 68 años no los refleja en el rostro pero si en las manos con las que ha cocinado durante más de ocho años platos de comida que benefician a la comunidad vulnerable del barrio Bogotá, el costo de un servido asciende tan sólo a los 500 pesos.

Galeria fotográfica:

“El compromiso en contra del hambre no debería tener costo”

Pero el valor de estos platos de comida no radica en su precio económico sino en el carácter humanitario que contienen fruto del amor, sazón y el cariño con el que ella prepara; ingredientes que no tienen precio, según expresa una beneficiaria del sector:

Chatarreros, habitantes de la calle y niños de escasos recursos, se han convertido en la familia de esta mujer que perdió a sus padres hace décadas, a su esposo hace 26 años, y convive a distancia con sus dos hijos.

Su rutina y la gente del barrio no le permiten sentir la soledad. Su labor inicia todos los días a las seis de la mañana en la plaza de mercado (SURABASTOS) hasta donde se dirige en su clásico carro de color blanco para comprar los alimentos que compondrán el menú del día; ni las fallas mecánicas del automóvil le impiden llevar la comida hasta la esquina de la parroquia Jesús Obrero todas las tardes de lunes a viernes. Regresa a su casa entre las cuatro y cinco de la tarde luego de repartir la comida por la cómoda cifra de 500 pesos. Aun así ella dice no tener un horario fijo, su filosofía es que a la hora que se acabe la comida termina su tarea.

La señora Teresa cuenta que invierte aproximadamente 15 mil pesos -todo depende de la comida que prepare-, lo cierto es que cada día hay un menú distinto, aunque los fríjoles y el arroz con leche no dejan de ser las preparaciones que más apetece a la comunidad. Las “ganancias” diarias rondan los 18 mil pesos; ganancias entre comillas porque la labor no se agota, el dinero es invertido al siguiente día en la compra de alimentos.

A continuación ´Teresita Morales´ cuenta un poco más de su historia y el rol que desempeña en una comunidad que se ha convertido en su familia:

 

Hambre vs desperdicio de alimentos

La historia de ´Teresita Morales´en Neiva, es tan solo una de las que tienen lugar a lo largo y ancho del país, historias que resaltan por su labor social frente a cifras que demuestran que cada año un millón 600 mil toneladas de comida se desperdician en Colombia, según la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia, ABACO. Total de alimentos con los que fácilmente se podrían alimentar 9 millones 500 mil personas cada día.

La explicación que da la directora de ABACO, Ana Catalina Suárez, es que “no hay una legislación en el país que prohíba el desperdicio de comida en comparación con otros países del mundo”, de ahí que el llamado de la dirigente es al Congreso para que trabaje en una ley que regule esta “actividad poco ética”.

Mientras las cifras demuestran la aguda desigualdad en cuando al acceso a los derechos fundamentales en Colombia, Teresa Morales dice que seguirá cocinando para la comunidad necesitada del barrio Bogotá hasta el fin de sus días. Cree que “el compromiso en contra del hambre, no debería tener costo”.

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