El arte, el amante de Phanor Satizábal

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“El artista de hoy se ha convertido en un prepago que vende lo que hace”, afirma el hombre de cabellera blanca y escasa que ha dedicado su vida a la construcción de ideales artísticos distintos a los que ofrece el mundo capitalista.

Phanor Satizábal es un artista plástico de origen valluno egresado de la escuela de Bellas Artes y residente desde hace varios años en la ciudad de Neiva, convencido de que el oficio del artista no debe ser un negocio sino un medio para construir conciencia, expresar ideas y conocerse a sí mismo.

“Desde el colegio me di cuenta que el arte no es un negocio como lo convirtieron en este país, pues solo quieren montar galerías para lavar dólares y que los mafiosos hagan de las suyas”, reafirma en un tono radical Satizábal, quien milita desde hace unas décadas la ideología del Movimiento 19 de abril (M-19).

A los ocho años de edad se interesó por el tema artístico e inició a trabajos; desde un principio cada obra de arte iniciaba con una conversación entre el objeto que quería intervenir y él. “Las cosas le hablan a uno, yo le he dicho siempre a los estudiantes que cada objeto que se encuentren tirado en la calle no lo golpee sino que trate de escucharlo y luego sabrá que hacer, así nos estamos conociendo a sí mismos”, menciona el artista vallecaucano.

Aquel hombre alto y entrado en años ha hecho de su casa un museo, al cual pueden entrar personas de todas las edades sin ningún costo, aunque su mayor interés siempre es llegar a los jóvenes; “mi casa es una especie de aula para los colegios, ya que las instituciones educativas se han vuelto un matadero de sensibilidad, la intención es que aquí se recupere eso, que vengan los muchachos y generen conciencia, conocimiento, descubran sus capacidades, reflexionen sobre la realidad y sobre todo que se conozcan ellos mismos”, agrega el también escultor.

Particularmente, el baño principal es la instalación artística más grande que ha realizado, allí se encuentran varias obras; Phanor considera este lugar como el más misterioso de las residencias porque al ingresar se “puede hacer lo que quiera sin que nadie se dé cuenta”. En su interior se pueden observar libros, botellas de licor, objetos masturbadores y en hasta sustancias alucinógenas. Un lugar que según el artista “cualquiera ve con malos ojos” pero que representa una subcultura dentro de una sociedad, es decir, que “va por debajo, a escondidas, con temores.”

El entorno, y dentro de él, la realidad social y política, motivan cada una de la obras de este hombre, cada uno de sus trabajos hace parte de un conjunto, ninguna instalación está aislada de la otra, “todo tiene que ver con la vida misma”, explica.

Para Phanor Satizábal, el arte, el amante de su vida, no es una herramienta del consumismo como muchos lo ven, es un instrumento del lenguaje.

A continuación una muestra de su obra en galería fotográfica:

El arte, el amante de Phanor Satizábal - Neiva

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