Cada pisada humana de hoy deja rastros de violencia vivida…

Share

Vicerrectora Académica USCO

 

Por: Isabel Cristina Gutiérrez G.
       Vicerrectora Académica
       Universidad Surcolombiana

 

Configuramos un espiral de violencias y contraviolencias sin precedente. Somos parte de una escalada de actos de intolerancia, corrupción, marginación y discriminación. Somos parte de la globalización de la violencia. Presenciamos modelos y estilos violentos de convivir, gobernar y educar.

Modelos y estilos que se caracterizan por la vigilancia para el castigo y la intolerancia que lleva a la confrontación. Modelos y estilos donde las decisiones se toman sin la participación de aquellos sectores siempre-presos de la exclusión. Modelos y estilos cuyos motivos son el individualismo, la competitividad y el lucro desmedido. Modelos y estilos que, ciertamente, nos han legado una alta “ganancia de violencias”. (Ver: ¿Lo que debe aprender Colombia de Guatemala para no fracasar en el posconflicto?).

Pero… Ante la ganancia de violencias… no malversaremos nuestra esperanza.

Por eso nuestra Universidad Surcolombiana no ha estado ajena a la búsqueda de caminos para responder a un escenario de paz a través de experiencias y proyectos pedagógicos.

Desde la década de los 90, por iniciativa de varias universidades públicas de Colombia, entre ellas, la Universidad Nacional, Surcolombiana y del Valle se creó “la red universitaria por la paz” como una posibilidad de vincular a grupos académicos interesados en reflexionar, analizar y emprender acciones en la búsqueda de la solución concertada del conflicto político militar para la apertura democrática y la justicia social en Colombia.

Tambien en esta década se creó el programa de pregrado sobre Educación para la Democracia, en donde se formaron importantes investigadores sociales en más de cuatro cohortes.

A nivel de Postgrado, durante la primera década del siglo XXI se da inicio a la Maestría en Territorio, Conflicto y Cultura, con más de siete cohortes y a partir del año 2013 se crea la maestria en Educación y Cultura de Paz, por iniciativa de los docentes Myriam Oviedo y Hiólito Camacho, y hoy estamos participando en este evento resultado del trabajo desde la maestría.

Pero también se han gestado diversidad de proyectos en convenio con entes gubernamentales y privados como el “DIPLOMADO EN RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS” con la participación de más de mil lideres comunitarios a lo largo del departamento.

Ha sido un reto para la Universidad Surcolombiana abordar la investigación y la sistematización de experiencias sobre la Educación y la Cultura de Paz, en un país polarizado entre quienes se oponen a cualquier proceso de paz y quienes defienden la posibilidad de la negociación política.

En el primer caso, se estimula la prolongación de la confrontación armada a través del “embrujo autoritario” de la pronta derrota del contrincante. Para quienes así actúan es importante que reflexionen sobre el informe “¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad”, del Centro Nacional de Memoria Histórica que sostiene que es irracional, obsceno, continuar una historia de violencia que lleva más de medio siglo y contabiliza 5,7 millones de víctimas de desplazamiento forzado, 220.000 muertos, más de 25.000 desaparecidos y casi 30.000 secuestrados. “Una historia en que los civiles –no los que han hecho la guerra– han puesto la mayoría de los muertos: ocho de cada diez”.

Tampoco basta con expresar que la paz es posible con justicia social sin lograr cambios paradigmáticos en la forma de comprender nuestras relaciones entre el hombre y la naturaleza en una sociedad donde cada día se impone la “cultura mafiosa” caracterizada por el afán de enriquecimiento ilícito, el consumismo, el individualismo, el clientelismo (apropiación privada de los recursos públicos, expresiones derivadas del dominio del narcotráfico sobre la economía y de los valores y modos de ver el mundo que hoy caracterizan a las sociedades como la colombiana.
Debemos reconocer que por lo general los docentes no hemos sido capaces de orientar a las nuevas generaciones a partir de estrategias eficaces de educar en y desde el conflicto para una mejor comprensión de la sociedad actual, que sirva para el autoreconocimiento cultural y la construcción de un proyecto de vida claro. Los educadores y, específicamente, los investigadores también requerimos reafirmar nuestras identidades si realmente nos disponemos a cumplir con nuestra Misión de formar ciudadanos, profesionales capaces de transformar los conflictos de manera argumentada, crítica y creadora.

La caracterización de los conflictos permite reconocer que la construcción de la paz es más amplia que la resolución del conflicto armado y requiere de la participación activa del conjunto de la sociedad, en especial, de los sectores sociales populares y de los universitarios puesto que las negociaciones y los desarmes resultantes son mecanismos importantes para tramitar los conflictos sociales. Por esa razón, el fin de la confrontación armada no es la PAZ. Pero es una oportunidad para aprender a solucionar los conflictos por la vía de los argumentos y de las acciones de resistencia civil pacífica, que deben nutrir nuestras misiones institucionales. (Ver: “Los niños pintan la naturaleza para pensar la paz”).

La paz significa algo más que la ausencia de guerra y de conflicto; es un concepto dinámico que debe considerarse en términos positivos: la presencia de la justicia social y la armonía, la posibilidad de que los seres humanos realicen plenamente sus posibilidades y gocen del derecho a una supervivencia digna y sostenible (UNESCO, 1994, 4). 

La universidad tiene la gran responsabilidad de contribuir a la consolidación de una cultura de paz que se proponga construir un nuevo modelo educativo que incorpore pedagogías que ayuden a erradicar la cultura de la violencia, que persiste en todos los espacios públicos y privados y posibiliten la resolución de conflictos a través de vías no violentas. Se resalta la necesidad de educar en y desde el conflicto y de diseños pedagógicos que aporten a los procesos de reconciliación, reinserción y reintegración debido a que transformar los actuales conflictos requiere de nuevas generaciones que construyan el buen Vivir. (Ver: “La academia debe volver a dialogar con saberes que no son instituidos”).

La Universidad debe estimular, apoyar y valorar los ejercicios de la comunicación alternativa que permitan la expresión de los sectores sociales y aporten a la construcción de memoria sobre las vivencias del conflicto y las experiencias y propuestas populares…

 

*Refexión en el marco de la I Bienal de Educación y Cultura de Paz 

Comparte

  • Facebook
  • Twitter
  • Google Plus
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Email
  • Blogger
  • Print
Share

Comentarios