Andrés Amaya, el futbolista joven que es feliz

Perfil de uno de los futbolistas más jóvenes en debutar en  la primera división del Fútbol Profesional Colombiano. Con tan solo 16 años, Andrés Amaya es  hoy una  ficha fundamental del equipo dirigido por Néstor Craviotto.

Por: Luis Carlos Prohaños, periodista SuRegión

Andrés Felipe Amaya Rivera habla despacio, pero gambetea y define súbitamente, de imprevisto. El presente en el que se encuentra lo reconforta pero no lo relaja, pues sabe, porque ha vivido momentos difíciles, que el fútbol es tornadizo. Habla con la mirada hacia el suelo, como señal de humildad y de esa pena que tienen los chicos que están en su edad. Andrés es de apariencia menuda, mide 1,70 metros, de piel morena y personalidad rígida. Usa gorras negras, buzos que le caen cerca de sus muslos y es de hablar corto.

Su presente lo ubica como una de las piezas inamovibles del equipo dirigido por el argentino Néstor Oscar Craviotto. Se desempeña como extremo, en un modelo de 4-3-3, tan compacto en defensa y tan elástico en ataque, en el que Andrés corre y corre, inteligente a pesar de su corta edad, desgastando defensas, abriendo sistemas tácticos sólidos, y definiendo con potencia de vez en cuando. También fue uno de los preferidos de Jorge Vivaldo y Oswaldo “La Sombra” Durán.

Andrés se desmarca y corre con mucha potencia

La historia

Amaya nació en Barrancabermeja en el año 2001, pero vivió toda su infancia en Turbo, Antioquia. A los 6 años, cuando don Absalom, su padre, le vio las condiciones que tenía para manejar la pelota y el entusiasmo con el que lo hacía, lo llevó a la escuela Turbo F.C, donde el pequeño  estuvo hasta 2014. Ese año viajó a Neiva, con el dinero justo para el viaje y para sobrevivir- ajustado- una semana. Andrés cuenta que algunos días no tenía ni para comer. Sin embargo, la tenacidad de su empuje y las ganas de cumplir su sueño lo estimularon a resistir.  En esa época dfícil  tuvo la suerte de encontrarse en un deporte que no es sólo colectivo dentro de la línea de juego. Sus profesores, además de formarlo tácticamente, fueron su abrigo. El fútbol tiene en sus espaldas un sinfín de narraciones de vidas como la de Andrés, que encontraron un salvavidas para las desventuras. El fútbol le enseñó a Amaya la virtud  humana de la humildad, que conserva actualmente y de la que no se despega ni para hablar.

En el año 2016, bajo las órdenes Jorge Vivaldo, Andrés cumplió la primera parte de su sueño: debutó oficialmente con el Atlético Huila en el primer semestre de ese año, en la victoria 2-1 por la Copa Colombia ante Deportes Quindío. Desde ese momento se ganó el puesto, con atrevimiento y dedicación. Septiembre fue su bello abril, ese mes marcó los dos goles que tiene actualmente. El primero fue el 2 de Septiembre, en Neiva, ante Jaguares. El segundo, ante un gigante, como una metáfora bien intencionada. Fue el 17 de Septiembre, en el Pascual Guerrero ante el América de Cali, cuando recibió en la medialuna del área, se dio media vuelta para quedar frente al arco y remató secamente al segundo palo del arquero Carlos Bejarano.

El despliegue físico de Amaya es una de sus cualidades futbolísticas

El fútbol acompaña, forma y enseña

Con 14 años, y lejos de su familia, sin un referente formativo familiar, el fútbol se encargó de inspirarle los valores que le han servido para ser el gran futbolista que es hoy. Sabe, porque lo aprendió viviendo, que la constancia del esfuerzo y el derroche de empuje son la clave para no flaquear en un mundo volátil.

En el mes de Abril del año pasado, fue sancionado por la División Mayor de Fútbol Profesional Colombiano con dos semanas por fuera y la exorbitante suma de 44.263.020 millones de pesos, con el argumento de que tuvo “la intención de generar que un oficial de partido incurriera en una decisión incorrecta”. Cuando se le pregunta por eso, Amaya hace una pausa, toma aire para responder, y dice, convencido: “Fue una decisión injusta, pero eso me ha enseñado que, aunque, a uno le peguen y lo agredan, uno tiene que seguir con la frente en alto”. Su madre, Aris María Rivera, se lo recuerda cada vez que tiene la oportunidad.

Andrés Amaya sabe, también, que la oportunidad que le han dado tiene un valor simbólico importantísimo. Por eso lo cuida- se nota cuando habla y cuando actúa- y hace todo lo posible por mantener una regularidad en lo favorable.

Jhon Lozano, compañero de plantel y uno de los jugadores más experimentados del equipo actual del Atlético Huila, habla sobre el desarrollo futbolístico de Andrés Amaya:

El éxito de su precocidad fabulosa lo resume en una fórmula con tres constantes: felicidad, amor y responsabilidad. Felicidad por darse cuenta del momento que está viviendo, amor por su profesión- a la que quiere como a pocas cosas- y responsabilidad para  efectuar y sostener el sueño con su fuerza de voluntad.

Andrés sueña, sin un asomo de acomodo. Sueña alto, y con la certidumbre de alguien que hará hasta lo improbable por cumplir su pretensión. La Selección Colombia, el Real Madrid, y seguir siendo feliz alrededor de un balón, son sus anhelos más valiosos. El jugador Barranqueño, también tiene otras aspiraciones por fuera de las 16 con 50, porque sabe, y lo repite, que esta actividad, aunque no se quiera aceptarlo,  sí tiene techo y fin. Ya terminó el colegio y ahora quiere tener un título profesional. Aspira a convertirse en Administrador de Empresas. Siguiendo su desarrollo personal, cada objetivo que se ha propuesto, lo ha alcanzado.

Es muy difícil ser como Andrés Felipe Amaya, no sólo por su mente y su juicio, sino por el prodigio de un desarrollo integral inconcebible a su corta edad. El valor de Andrés tiene dos méritos innegables: el poderío de su ingenio singular y la calidad humana que lo respalda.

En un entorno tan rebosante de egos y vanidades, es una hazaña y un placer encontrar a Andrés Amaya y hablar con él.

Amaya, entre sus horas de descanso y tiempo libre

 

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