“A nosotros nos desplazó el Gobierno Colombiano

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A continuación compartimos uno de los relatos:

 

Siento que el corazón se me va a salir del pecho, son las palabras que pronuncia José Ángel Ávila Ramos, una llamada palidece su rostro después de seis años de resistencia el momento que tanto había temido estaba ocurriendo y él no se encuentra allí para impedirlo.

“no podré olvidar aquella mañana del 26 de mayo de 2015” – al otro lado del teléfono la voz entrecortada de su hermano le anuncia la noticia: a Las Juntas ha llegado Emgesa con grupos del Esmad y la policía ¡José, nos van a desalojar!, el anuncio cae como un baldado de agua fría José, se mueve de un lado para otro sin saber qué hacer pensamientos y reclamaciones cruzan por su mente. Él junto con sus compañeros de resistencia se encuentran en Neiva, no ha quedado persona alguna en La Jagua que pueda impedir la acción – ­<>.

 

No hay tiempo para llorar

Ávila Ramos, campesino de rasgos fuertes, pausado al hablar, mirada segura y tez trigueña producto de las largas horas del jornal, nació en la región de Aguas Calientes, perteneciente al centro Poblado La Jagua, municipio de Garzón, Huila.

Fue uno de los opositores al proyecto hidroeléctrico El Quimbo, desde la llegada de la multinacional sabía que eso no iba ser un progreso para la región – la empresa como a muchos que continuamos en la resistencia nos tachó y se ensañaron con nosotros, consideraban que éramos un obstáculo para lo que buscaban y nos sentenciaron haciéndonos la vida más difícil, desalojándonos sin reconocer lo que por derecho nos corresponde. Hemos estado resistiendo por amor a las tierras donde nos criamos, toda una vida construida a punta de esfuerzo y trabajo. No hay tiempo para llorar, la chiva que los trasporta parte rumbo a pueblo de brujas, es hora de afrontar la difícil situación.

 

Todo Tiempo pasado fue mejor

 

Quimbo desplazado

La Jagua, Huila 

 

Recorrer las calles empedradas de La Jagua, observar las casas casi detenidas en el tiempo da una sensación de tranquilidad, de la cual tan solo ha quedado un recuerdo desvanecido por los cambios abruptos generados con la llegada de la firma española Emgesa, a territorio Matambo.

Desde el setenta hasta hace dos años la vida en La Jagua era muy tranquila el trabajo abundaba más se demoraba usted en salir a la calle que en ofrecerle trabajo, habían empleos bien pagos para todo el mundo ya que en ese entonces eran varias las fincas en la zona. Ve todos esos predios – supongamos ahora, La Virginia de ahí para arriba daban empleo, el que no iba a trabajar era porque no quería. La gente se ha ido, solo quedan unos pocos a los que les dieron las cinco hectáreas, esas personas ¿qué trabajo van a dar? “como le digo yo a varios no les alcanza pa ellos – mucho menos para otros”.

-¡Mire!- nosotros contábamos en La Jagua con buenas parcelas como La Cañada, Miraguas y Villa Fernanda allí trabajaban cuarenta personas por mes, en diciembre como mínimo habían doce trabajadores con la vaina del arroz que era lo último que se sembraba, entonces quedaban solo los regadores ya en febrero había trabajo para toda la gente, pero eso se acabó.

 

Las tierras fruto del trabajo en familia

En el sesenta y seis nos vinimos a vivir a La Jagua, durante la presidencia de pastrana dieron préstamos para compra de tierras, mi papá fue uno de los que se metió a comprar así inició a hacer contratos de arroceras y limpia de plataneras en eso se la pasaba él, haciendo sembríos por toda la zona de La Jagua, nosotros andábamos con él para todos lados tenía doce años cuando mi padre con un préstamo de la Caja Agraria compro el predio Las Juntas, tierras que ahora nos expropiaron.

-Una lucha, trabajo arduo por el que tuvieron que pasar para conseguir el terreno, se levantaban a las cuatro de la mañana para ir a ordeñar, a las ocho el menor de los Ávila estaba listo para ir a la escuela a las cuatro de la tarde salía directo a darle comida al ganado y realizar labores del jornal, “el descanso de uno era por ahí a las ocho cuando llegaba a la casa y ¡ahí sí! – a hacer tareas por eso yo casi no estudie nos dedicamos a ayudarle a papá a pagar las tierras que había comprado”.

Con mi familia sembramos cultivos de papaya, maracuyá, maíz, tomate, ahuyama, pepino cohombro, habichuela, yuca, plátano de todo hubo en esa vega, cuando la empresa vino a hacer las primeras reuniones nos dijeron que no sembráramos más porque eso iba a ser perdido, quedamos con el peladero lo único que quedó fue pasto y árboles de mata ratón para las vacas de ordeño.

– Con el apoyo de uno de sus hermanos y con el ultimo préstamo que le haría el banco agrario don José, compro más ganado “le jalamos al negocio del ganado como la vega está a la orilla de la carretera era toda una vitrina – cual más veía el ganado se enamoraba y de una compraba”.

-Para uno es muy duro y no me cabe en la cabeza, tanto que uno se ha jodido para que venga un día un aparecido y le diga lo suyo vale tanto como si a uno eso se lo hubieran regalado, es todo un sacrificio el que nosotros hemos hecho. <>

 

Recorriendo Las Juntas

 

Quimbo desplazado

Las Juntas, unión del río Suaza con el MagdalenaLas Juntas, unión del río Suaza con el Magdalena.

 

Bendecido por dos ríos, el predio las juntas es uno de los puntos de encuentro del río Suaza con el Magdalena, de allí su nombre, vegas ricas en agua, tierras fértiles en las cuales se da todo tipo de cultivos. Se enfunda su machete, toma el sombrero y agarra camino son menos de diez minutos de la casa a la finca.

-Con decirle que no había vuelto a bajar por estos lares, me da mucho guayabo ver destrozado lo que con tanto esfuerzo construimos, siempre templado, son pocas las veces que este campesino de pura cepa deja ver algo de debilidad.

-Seguimos caminado, más adelante un cerco de púas indica que hemos llegado

-El predio ahora es propiedad de Emgesa, nos lo arrebato con la complicidad del Gobierno Colombiano y no es para menos en el país hoy impera una legislación pensada para el despojo, arrasan con todo dando preventas y garantías a empresas multinacionales para que hagan a sus anchas lo que quieren en el territorio, el saldo miles de comunidades victimas del desplazamiento por el desarrollo.

-Ya no queda ni la sombra de lo que podía observarse cuatro meses atrás, vacas pastando en el predio, el habita ideal de distintas especies de aves y anfibios. Ávila esquiva la mirada, no puede detener las lágrimas, después de un largo silencio comenta que estas eran las mejores tierras pues están cerca al río. Cuando a usted le dicen le vendo un pedazo de vega pues se pone contento porque ahí se le da de todo. En otras tierras son varios los cultivos que no se dan como el plátano o la yuca, las vegas son de primera calidad; uno aquí que ha vivido sembrando, sabe en qué tiempo se dan las cosechas, si hay que echarle bastante o poquita agua todo eso le va aprendiendo uno a los cultivos.

Yo he trabajado siempre en la agricultura y ganadería. Cuando mi padre compro Las Juntas, nos pusimos muy contentos, pues quedaba cerca al pueblo y ya teníamos la finquita donde trabajar, eso le da mucha alegría a uno vivir aquí, es que ese punto para nosotros era bendito, es sagrado porque imagínese ahí cerquita de La Jagua iba uno y ordeña salía a desayunar y volvía otra vez a trabajar sin ningún el afán de tener que irse tan lejos.

 

El gobierno nos desplazó

El mismo gobierno es quien nos está desplazando, al permitir la instauración de esos proyectos, “yo le decía a esos abogados, la plata no es todo en la vida, porque la tranquilidad de uno vale mucho más, ustedes nos están quitando el derecho a la vida digna que nosotros tenemos, nos la están quitando”. Eso es dejarlo a uno en la ruina, como nos van a decir le doy ciento cuarenta millones por ese predio vaya consiga en otra parte que por allá está más barato, ¿dónde íbamos a conseguir un predio igual a Las Juntas?, si le piden a uno cincuenta millones por hectárea, no nos alcanza a nosotros ni para tres hectáreas.

Mire usted puede preguntar aquí y la tierra más barata que consigue se la venden en cincuenta millones, por una parcela de cinco hectáreas le piden de trecientos a cuatrocientos millones de pesos, yo le decía a los de Emgesa entonces consíganos y cómprenos las tierras con las mismas condiciones cerca a la casa y con predios en vegas del río a donde vamos nosotros a conseguir esas tierras, tan descarados fueron que le dijeron a mi hermano un día que venían de hacer un negocio en Majo uno de los reasentamientos, cuatrocientos millones por hectárea con casita y vinieron a decirnos que lo de nosotros no valía nada. Ellos lo único que querían era desalojarnos y darnos cualquier miserableza.

-Nosotros pedíamos tierras, siempre hemos pedido tierras, ellos nos decían que nosotros no teníamos derecho a tierras, porque poseíamos más de cinco hectáreas, en la licencia estipularon que las personas que tuvieran menos de cincuenta hectáreas podían ser reasentadas, nosotros nunca nos hemos negado al reasentamiento o la compensación. Insistían que no teníamos derecho a tierras, que recibiéramos la plata que nos daban o si no, nos desalojan y nosotros que íbamos a renunciar a lo que hemos trabajado por más de cuarenta años.

Quimbo desplazado

José Ávila en el predio Las JuntasJosé Ávila en el predio Las Juntas

 

Para nosotros no hay valor económico que pueda suplir lo que sentimos por el predio Las Juntas, para nosotros no tiene precio, para mí no tiene precio, la tierra de uno no tiene precio donde uno se ha criado, lo que nos ha dado de comer.

Nunca nos comentaron para que necesitaban el predio de Las Juntas, por ahí escuche que la empresa estaba quitando más tierras de las que van a inundar y no son cualquier tipo de tierras son de la mejores para producción agrícola. Emgesa ha comprado más de las 8.500 hectáreas que requería para la construcción de El Quimbo y aquí en Colombia como no tenemos justicia, todo lo que dice la empresa está bien, los entes lo creen.

La Jagua ha sido un referente de resistencia un grupo de pobladores han dado la lucha para defender su territorio, desde un inicio nos organizamos junto con Asoquimbo, éramos bastantes los que nos movilizábamos gracias a estas acciones no nos habían desalojado, pues en el 2014 nos llamaron para hacer efectivo el primer intento de expropiación, la situación se fue agravando este último año la empresa hizo dos intentos de desalojo el primero en febrero y el segundo el ocho de abril, gracias a los compañeros se pudieron detener, hasta aquel 26 de mayo la empresa aprovechando que todos estábamos en Neiva hizo efectivo el proceso de expropiación, nos tocó meter las vacas en la casa y ahora no sabemos qué va a pasar la situación ha sido difícil para nosotros, a Emgesa no le importa nada obtuvo lo que quería. Para mí la resistencia ha sido un compromiso con la vida, proteger lo que mi dios nos ha dado, ¿como uno no va a defender lo que le ha dado de comer lo que nos ha tocado jodernos trabajando?

 

Más “Crónicas Despojo y Ecocidio – Rostros de la resistencia en el Huila”

 

Fotografías: Juan Osorio

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